Como todo se imita y todo se contagia, en un mundo tan atolondrado como el que ahora vivimos -el ejemplo catalán, con la monumental chifladura que lo impulsa y mantiene, no es lo más disparatado que nos ha sido dado contemplar en vivo y en directo...-, no escapa al dislate el mundo de la información. Y también la concerniente al mundo taurino se ve afectada por la extravagancia y el desmadre.
Cuando en cualquier pliego de condiciones se antepone el apartado económico al cualitativo se corre el riesgo de fracasar. Ejemplos hay muchos y no convendría olvidarlos. El sector taurino es uno de los más perjudicados por este asunto, quizá porque hay demasiados políticos más preocupados por colgarse una medalla a costa de una suculenta recaudación por el alquiler de las plazas que de velar por las verdaderas inquietudes de los aficionados, ciudadanos que también votan. Lamentablemente Zaragoza parece que vuelve a convertirse en muestra de ello.
Preocupante sí. Nos preocupa más todavía después de leer las últimas declaraciones sobre la temporada del 2017 de su hombre fuerte Ramón Valencia.
Uno de los grandes destacados de la temporada, en la que ya se notó la presencia de nuevos valores y promesas casi cumplidas, fue, indudablemente, Román.
El tal Simón, don Bernardo Cazes, Simón Casas para el toreo, habla mucho, sin parar, apasionadamente, y es como el sifón enviando fuera más burbujas, que se disipan, que agua, que se desparrama, pero es divertido y original. Y reconocer su gran mérito empezando de la nada hasta llegar al imperio taurino que hoy tiene. Y además en tierra extranjera. Y añadiendo lo difícil que es colarse en el mundo del toreo. Y ya no digo conquistarlo.
Particular y modesto homenaje al maestro del humor Gregorio Sánchez “Chiquito de la Calzada”, genio original e irrepetible fallecido el pasado 11 de noviembre.






