Hay que fijarse en los toreros de este año. Hay muchos. Todavía.
Aunque todavía siguen dándose festejos sueltos y de manera puntual, la temporada española finalizó el pasado domingo 15 de octubre. Lo hizo con el cierre de las ferias de Zaragoza y Jaén. Dos seriales distintos en su estructura y concepción y que también han sido muy diferentes en sus resultados.
Buena semana para el toreo y EL JULI por la concesión del Premio Nacional de Tauromaquia. Merecido. Y oportuno. Cariño y reconocimiento por todas partes para JULIÁN.
Desde su fundación en 2018, la televisión pública valenciana ha pasado totalmente de los toros. Ni un solo día se han asomado a la plaza de toros de la calle Xàtiva, desatendiendo el interés de los más de 94.000 espectadores que han pasado por taquillas esta temporada. Ni un solo día bajaron a una calle para dar cuenta de algunos de los 8.702 festejos de bous al carrer que la campaña pasada se organizaron en 259 de sus municipios. El domingo se celebró la media maratón en la capital del Turia y la televisión autonómica desplazó quince cámaras, una grúa y tres motos para ofrecer una cobertura exhaustiva de la carrera. Resulta evidente que no se trata por igual el derecho a la información de todo el pueblo.
Hay que resaltar la importancia de hacer las cosas, aunque sea con retraso, a no hacerlas nunca. Hacer algo después de lo previsto es siempre preferible a no hacerlo. Así ha sucedido con Dámaso González, un grandísimo torero al que le costó ser reconocido como tal. Sobre todo en Madrid.
Un caso como éste creo que ni lo han visto los más viejos del lugar. Es más: seguramente un solo viejo. Salir por la Puerta Grande de Las Ventas dos tardes consecutivas… y estar sin torear, en plena temporada de verano, 2 meses y una semana es incomprensible, impensable, ilógico, absurdo. Se puede decir de todo. No hay por dónde cogerlo.






