Asegura la Asociación Internacional de Tauromaquia que le llama la atención que los estamentos profesionales del toreo no sepan aprovecharse de la UNESCO y de todos los argumentos legales de que disponen para defenderse y fortalecerse. Lo que resulta sorprendente es que a estas alturas el sector taurino siga siendo tan lento, cuando no inactivo o incapaz, a la hora de promocionar los toros.

Hace unos días tuvieron efecto no pocos actos y programas especiales para conmemorar y recordar uno de los más grandes inventos de la humanidad y uno de los medios de comunicación más fiables y utilizados en el mundo.

Ya están hechas y muy bien las primeras ferias. Y se han adelantado todos los pueblos con carteles de categoría al contratar toreros conocidísimos. Todo parece de color de rosa. Y ahora ¿quién va a llenar las plazas? ¿Las ganas de la afición tras el ayuno impuesto por el covi? ¿Las figuras? ¿Las que todavía tienen fuerza pese a las temporadas transcurridas? ¿Los emergentes? ¿Los  que parece que emergen? ¿Los que parece que también pero no?

Si no se contrata a un torero que se deja la piel y casi la vida sobre el albero cada vez que hace el paseíllo, que se abandona para torear con la máxima entrega, pureza y verdad, y que triunfa en las plazas de mayor exigencia y repercusión, es que el funcionamiento de la tauromaquia tiene un problema. Si no se hace justicia con los méritos y con los dictámenes del público, los ataques antitaurinos serán una broma sin importancia, porque significará que el toreo está sufriendo más daño desde dentro.

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