Este sábado, cuando las manecillas del reloj de la Basílica de San Jaime de Algemesí marquen las cinco y media de la tarde, y suene el toque de la media, por desgracia no comenzará una nueva edición de la tradicional feria de novilladas de esta localidad ribereña. Un ciclo que suponía toda una bocanada de aire fresco en la promoción de la fiesta en estos tiempos de crisis y ridículo antitaurinismo animalista, henchido de ese tontucio buenismo que tanto agrada a algunos. La conocida como setmana de bous hubiera tenido que celebrarse  entre el sábado día 19 al domingo 27 de septiembre y seguramente habría constado de seis novilladas picadas, un espectáculo de rejones y dos festejos de promoción con participación de alumnos de las escuelas de tauromaquia, al igual que lo sucedido en temporadas precedentes. Pero el coronavirus también se ha llevado por delante esta feria. Y el aficionado no podrá empezar su diario e ilusionante peregrinar a Algemesi para disfrutar de esas maravillosas nueve tardes de toros, viviendo el calor y el color de unos tendidos repletos de aficionados, muchos de ellos jóvenes, que siguen con tanto entusiasmo como jolgorio el desarrollo de los espectáculos. Una feria que además permitía hacer un repaso completo al escalafón novilleril, ya que a ella acuden año tras año los espadas más relevantes del escalafón y ante ganaderías de prestigio. Un pequeño gran milagro que hace posible la afición de todo un pueblo con su Comisión Taurina a la cabeza. Tampoco se concentrarán las peñas cadafaleras en el Parque Salvador Castell, donde montan sus cuarteles generales: Pataes-l’hem errat, Kasidebaes, La Xinxolà, Mesinfot, Va de …

La gente de los toros de calle ha luchado como nadie por recuperar la tauromaquia popular en tiempos de coronavirus. A pesar de sus logros en los despachos, el regreso de los festejos no ha sido factible. Pero lejos de desanimarse, los aficionados de Valencia siguen aportando ideas que reactiven el sector con planes innovadores e ilusionantes. Y todo por amor al arte.

Otra vez se plantea la no valorada biografía torera de El Cid. Y lo hace el crítico-médico sevillano Carlos Crivell. Se fue el de Salteras después de estar dando tumbos en las últimas temporadas, desprestigiándose, olvidando al torero que fue en sus buenos tiempos, rectifico: buenísimos, y dejándonos tristes a los que sí le admiramos. y valoramos.

Nuestra clase política, distinguida, culta e instruida, siempre pendiente de procurar lo mejor a los ciudadanos, sacrificándose hasta el límite de sus fuerzas, acaba de dar otra muestra de su eficacia, buen hacer y diligencia prohibiendo en la práctica la actividad taurina en buena parte del país.

Ahí  estaba,  está y estará el chiringuito en su inutilidad. El chiringuito, que llama Morante, es el Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, donde ahora figura el ex-matador Miguel Abellán. Debería dimitir si tiene vergüenza torera, dice, porque lo están utilizando: pone el PP a un torero porque yo simpatizo con VOX. Y añade: este chiringuito es un quita vergüenzas y le da rabia que un torero esté ahí, va  contra de la vergüenza torera y, antes de perder esa vergüenza torera, pues se pasa hambre.

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