Este sábado, cuando las manecillas del reloj de la Basílica de San Jaime de Algemesí marquen las cinco y media de la tarde, y suene el toque de la media, por desgracia no comenzará una nueva edición de la tradicional feria de novilladas de esta localidad ribereña. Un ciclo que suponía toda una bocanada de aire fresco en la promoción de la fiesta en estos tiempos de crisis y ridículo antitaurinismo animalista, henchido de ese tontucio buenismo que tanto agrada a algunos.
Pero el coronavirus también se ha llevado por delante esta feria. Y el aficionado no podrá empezar su diario e ilusionante peregrinar a Algemesi para disfrutar de esas maravillosas nueve tardes de toros, viviendo el calor y el color de unos tendidos repletos de aficionados, muchos de ellos jóvenes, que siguen con tanto entusiasmo como jolgorio el desarrollo de los espectáculos.
Una feria que además permitía hacer un repaso completo al escalafón novilleril, ya que a ella acuden año tras año los espadas más relevantes del escalafón y ante ganaderías de prestigio. Un pequeño gran milagro que hace posible la afición de todo un pueblo con su Comisión Taurina a la cabeza.
Tampoco se concentrarán las peñas cadafaleras en el Parque Salvador Castell, donde montan sus cuarteles generales: Pataes-l’hem errat, Kasidebaes, La Xinxolà, Mesinfot, Va de Bous, Peta-lo, Non tinc prou, Més que mai, Tinc son, Ja estem tots, Tot fet pols, Alí-galló, Tot begut, Manamaná, Nia pa tots, Pa l’arrastre yTot un xou son algunas de ellas. Y el aficionado y el visitante no podrán disfrutar de ese magnífico ambiente. Ni gozar de la hospitalidad de alguna de estas peñas, que a mediodía se convierten en un auténtico emporio gastronómico. Ni se podrá pasear por la calle Muntanya camino de la plaza, ni tomarse un rocafull en el Casino o en el Chester, o un cremaet en el Reviejo, o hacerse un aperitivo en el Garrofera, por citar algunos de ellos.
Ni tampoco podrá el visitante volver a encontrarse este año con tantos y tantos amigos en esta cita anual. Entre ellos, al pintor Álvarez Carmena, quien inmortalizó esta plaza y esta feria con sus cuadros, como el que ilustra este artículo.
Como tampoco tendrá lugar a las ocho de la mañana de cada día de festejo el encierro con los novillos del día, que recorren 300 metros desde los corrales municipales hasta la plaza, como reminiscencia de lo que en su tiempo era la entrá.
Después de muchos años asistiendo ininterrumpidamente hasta feria, estos días a muchos nos va a faltar algo. O mucho. Habrá que consolarse con echar mano de los recuerdos, y centrarse en la esperanza de que el año que viene este coronavirus haya pasado y nos permita volver a juntarnos todos un año más en Algemesi.









