La reciente decisión del Ministro de Cultura español, Ernest Urtasun, de excluir al mundo taurino de la entrega de las Medallas de Oro de Bellas Artes no es solo un acto administrativo. Es un mensaje claro que va más allá de las preferencias individuales, representa una posición política que busca relegar al olvido una tradición profundamente arraigada en nuestra identidad cultural, reflejando un claro sesgo que margina a una parte fundamental de nuestro patrimonio cultural.

La catástrofe provocada por la DANA de finales de octubre ha ocasionado, a su vez, la programación de numerosos festivales a beneficio de las incontables víctimas y afectados por la hecatombe. Este tipo de espectáculo resurge y se manifiesta una vez más como muestra de solidaridad y ayuda.  

¿Las veremos? ¿No se complica cada vez más?. Lo importante son las ferias por tv. Las de Valencia, Sevilla, Madrid, Pamplona y Bilbao. Las que daba todos los años Movistar y que se pudieron ver en 2023 por última vez después de una buena atapa de muchos años. Las corridas de la pantalla al sillón de casa, en el mejor tendido para muchos o por edad o por dificultades para viajar o por bolsillo escaso. O simplemente por comodidad.

La pasión y la emoción deben ser inexcusables en un festejo taurino, en cuya razón de ser está la lucha y el riesgo. Y aquellos dos factores provocan no sólo la asistencia a dichas funciones sino también la controversia y la división de opiniones, elementos así mismo imprescindibles para que haya interés en ellas.

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