El taurinismo-in, el de puertas para adentro, es oscurísimo. Nada se sabe, nadie dice nada. Se concreta en rumorología pura. Nadie habla de lo que gana, ni de su estrategia, ni por qué torea con éste y no con el otro. En cambio, en el fútbol nos enteramos de cuánto se embolsa diariamente un futbolista famoso con contrato impresionante y cómo se lleva, o no se lleva, con el entrenador o los compañeros. Todo. En el toreo, nada. Y además hay muy pocos programas para poder contarlo mientras que en los deportes son miles.
Tendríamos ahora que estar viviendo sus últimos festejos o contando ya, según se hubiese planteado, cómo fue la feria de Julio de Valencia... pero la noticia, triste y muy negativa, es que este año, la feria más antigua, prestigiosa y modelo de todas cuantas llegaron detrás, no se ha celebrado.
Todos los de Pamplona. Más de 60 años. Sin fallar ni uno. Ni uno. Presencialmente o en la televisión. Es mi caso. Seré una de las personas récord de espectador de encierros pamplonicas.
La creación de una serie de Circuitos para novilleros ideada por la Fundación Toro de Lidia y secundada por las diferentes Comunidades donde se celebran, ha aportado ilusión, oportunidades y esperanza a quienes han de ser el futuro del toreo. La retransmisión de los certámenes completos por las televisiones autonómicas, le ha dado a la tauromaquia una visibilidad de incalculable valor.
Sigue la ceguera e injusticia con EL CID. Nunca fue valorado como se merecía y él llevó muy mal su carrera. Se equivocó también en alargar sus últimas temporadas funestas, anteriores a su actual reaparición. Ahora, está que se sale. Apenas le dan toros pero los aprovecha todos.
A España le convendría mirar hacia Francia para recordar que el toreo no es de unos pocos, sino de todos, y que debemos protegerlo no únicamente desde la pasión, sino también desde el respeto, la ley y el acuerdo.






