Los o el del arte, Morante. En este 2025 han ocurrido varios cambios muy positivos para la tauromaquia o simplemente cambios sorpresa. Uno de ellos es quién manda: los del valor o los del arte. Siempre se ha dicho, y parecía un dogma torero: “los del valor, a mandar, y los del arte, a acompañar”.

Los festivales taurinos son fiestas benéficas que incitan a la alegría y, en ocasiones, a la frivolidad. Pero también son recordatorios de que este arte no admite liviandades. El toro siempre es un toro y no hay enemigo pequeño. Cada vez que un astado pisa la arena el peligro se convierte en compañero inseparable.

¿Cómo es posible que una vaquilla haya podido acabar con un torero tan experimentado y curtido en mil batallas -la primera vez que se puso delante de un becerro contaba tan sólo 5 años de edad y su carrera profesional se había extendido a lo largo de más de 30 años-, que alguien tan experto y ducho en la materia resulte lesionado de manera fatal toreando en el campo? Pues así fue. El destino es inescrutable y nunca sabemos qué nos va a deparar. Para Antonio Mejías Jiménez le tenía reservada una muerte lejos de una plaza de primera, en un festejo de postín y rodeado de publico admirado y admirador.

Política y realidad no siempre van de la mano. Políticos y pueblo no siempre van al unísono. A veces, nuestros gobernantes desprecian las raíces, las tradiciones y la cultura que han mamado y vivido, las que hacen España diferente del resto de países, deberían ser motivo de orgullo y siempre respetadas. Y mientras a la tauromaquia se le ponen todas las trabas posibles, las plazas se llenan, los ganaderos crían animales bravos y los toreros emocionan.

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