Si de algo está sirviendo la presente edición de la feria de San Isidro, de la que sus Bodas de Platino han pasado inadvertidas para el mundo oficial -ni la empresa gestora ni la Comunidad de Madrid han hecho caso de la efeméride-, al margen de triunfos y otras cosas, es para tomar conciencia de lo mucho que representa el toreo. Que no es si no, nada más y nada menos, una representación de la vida. Ahí es nada.

A los profesionales del odio no les importó que Chanel mostrase sus sugerentes nalgas en el festival de Eurovisión, ni su baile sexy, ni su erotismo. Lo intolerable para ellos fue que vistiera una chaquetilla que recordaba a la de un torero. Una bandera española e inspiración taurina visible para todo el mundo… Ufff, insoportable para los haters progres.

La tarde del 11 de mayo de 2022 pasará a la historia, no sólo de la feria de San Isidro, sino a los anales del toreo, como aquella en la que El Juli dio un paso más allá en su tauromaquia y dejó una actuación antológica.

Me lo dijo un familiar: busca la Misa en la 13 del día de la víspera de San Isidro porque te puede interesar. El sacerdote ha animado a ir a los toros. No me lo podía creer, pero ahí está el vídeo de la Misa de las 11 horas del 14 de mayo, en la Cadena 13, de la tele de la Iglesia, y en la Basílica de la Concepción, de la calle Goya de Madrid.

El pasado 11 de mayo, El Juli conquistó el respeto, la admiración y el reconocimiento de una afición dura, la más estricta del mundo. Madrid se rindió a sus pies después de torear como gusta en Las Ventas, con raza, fibra y hasta épica. Falló con el estoque y no abrió la puerta grande. Rompió a llorar de rabia el torero. Era la imagen de la tarde. Lleva 24 años como matador pero su ambición permanece intacta. Todo un ejemplo.

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