Cuando la temporada española, a falta de algún festejo de última hora, ya es historia y llega la hora de balances, recopilaciones, resúmenes y recuentos, al margen de un saldo positivo, dos son los nombres propios que destacan en la misma: Morante de la Puebla y Roca Rey.

Milagroso porque este MORANTE es un milagro y yo no he visto nunca nada igual en mi larga vida de aficionado y de profesional del periodismo. Primero, porque he seguido día a día su trayectoria durante, repito: día a día, sus  25 años de alternativa: los 23 primeros se parecen poquito a los 2 últimos y porque difícilmente recuerdo a un ser humano próximo a mí que haya cambiado tanto. Y lo ha  hecho para el bien de la tauromaquia, del toreo y, natural y paralelamente, de sí mismo.

Pese a que mucho se habla y presume de la grandeza de miras de la que, supuestamente, se goza en estos nuevos tiempos, la realidad, a poco que se rasque y escarbe un poco, confirma una situación bien distinta.

Sí, se acaba en España el toreo en los ruedos y sigue la danza entre bastidores. La potente empresa MATILLA deja la plaza potente VALLADOLID, ¿por qué?, mientras el silencio sepulcral taurino dice el qué y nunca el porqué. Será por dinero. Y se la queda la ambiciosa TAUROEMOCIÓN con el empresario ambicioso, de éxito, ALBERTO GARCÍA, ultraadmirador de JT y partidario de las corridas sin sorteo.

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