No hubo que esperar siquiera a que terminasen las fiestas, esa especie de tregua que nos damos para aparcar nuestras peleas y enfrentamientos -al menos los más livianos y llevaderos- y ya tenemos servido el primer disgusto de este año que no ha hecho sino empezar. Menudo comienzo…
Y además, y también, y para que vean, y para que se enteren. El toreo una vez más en la sangre y en el corazón del pueblo. En plena calle, ante los ojos de los niños y de todos.
Son insistentes, persistentes, inagotables. Es cierto que para muchos de sus cabecillas es su forma de vida y significa su sustento. Quizá por ello no cejan en su empeño de lograr su cometido, acabar con la tauromaquia. Si encuentran un resquicio por donde atacar, los antitaurinos no descansan ni en fiestas. ¿Entretanto qué hacen los profesionales del toro?
Llega el 2024 con dos nubarrones antitaurinos: 1/ los animalistas rabiosos presentan una ILP (Iniciativa legislativa popular) para intentar derogar la ley de Patrimonio Cultural de la Tauromaquia. Necesitan 500.000 firmas hasta junio. 2/ y URTASUN echa basura contra la “tortura”.
Arranca un nuevo año y con él otra temporada taurina. Antes de su inicio todo son buenas intenciones y grandes propósitos, pero es preciso poner de nuestra parte para que, al menos parte de lo que esperamos, llegue a buen término.
Estos días que estamos pasando son religiosos para muchos españoles (con el NIÑO, la VIRGEN y SAN JOSÉ y los REYES MAGOS), religiosos de tradición y muy de fiesta (para muchos más) y simples vacaciones y comilonas para otro número muy grande de personas.






