La Vicepresidencia segunda del Gobierno ha iniciado los trámites con el Ministerio de la Cultura para intentar prohibir la celebración de los espectáculos cómico-taurinos a propuesta de la Dirección General de Derechos de los Animales. Su director, Sergio García Torres, arguye que el público se ríe de sus actuantes, cuando lo que ocurre es que se ríe con ellos, que es bien distinto. El trasfondo, una vez más, es atacar a la tauromaquia por todos los flancos posibles.
En España continúan las polémicas de los arrendamientos de Málaga y Albacete, dos plazas más que necesarias en estos momentos. No se han podido adjudicar. En Albacete se pelean los políticos en el Ayuntamiento por el contenido del pliego y en Málaga tienen tres noticias: lo declararon desierto, el Concejal de Cultura de la Diputación echa la culpa a intereses taurinos y puede que haya gestión directa en el 2021. Peor no lo iban a hacer que los empresarios que hubo en lo que llevamos de siglo.
Pese a que la situación, mires donde mires, casi en todos los ámbitos, es complicada y difícil, sin que la tauromaquia acierte a salir del atolladero al que, entre otras causas, la ha llevado la pandemia, y con nuestra sociedad caminando sin rumbo, hay que hacer un alto y recordar que es Navidad.
Felices. Un poquito. Alguna caricia. Y a luchar. Viene ya escarbando el 2021, pero esperemos que embista bien al final.
Pues polémica. Por las plazas de Málaga y Albacete. En la Malagueta no ponen canon. Gran noticia. Superior. Y en Albacete el canon es bajo. Lo que han pedido siempre los taurinos.
Pensar que todos cuantos ocupan las localidades de una plaza de toros son de la misma tendencia política es de tener menos cerebro que un mosquito. El toreo es el espectáculo más democrático de cuantos existen y es propiedad del pueblo. Hoy y siempre, en los tendidos de un coso taurino hay gente de todo tipo. Caben los de sol y los de sombra, los de barrera, los de tendido y los de grada alta. Los hay fachas convencidos y rojos indómitos, moderados y apolíticos.






