Que la pandemia va a suponer un antes y un después, está clarísimo. Ya nada volverá a ser como antes, por mucho que nos emperremos en que así sea. Y quien lo tenga claro llevará mucho terreno adelantado. Lo de renovarse es cada vez más urgente.

El público es la tercera pata de la tauromaquia. Sin espectadores el toreo no tendría sentido. Es la gente que ocupa los tendidos quien espolea y exige a los toreros. Con las restricciones impuestas por la declaración del Estado de Alarma, el aforo de las plazas se redujo y el ambiente quedó frío y desangelado. Ahora cabe esperar que la evolución de la pandemia permita la celebración de festejos con mayor ocupación y que los empresarios acierten con las combinaciones propuestas.

Cuando todo el mundo estaba pendiente de Sevilla, por ver si finalmente hay toros en La Maestranza en abril, dando por hecho que San Isidro se evapora por segundo año consecutivo, llegan los Matilla y ponen todo patas arriba anunciando un serial isidril… en Carabanchel. La bomba.

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