Termina otro año y el mundo del toro sigue sin resolver los graves problemas que le atenazan. Peor aún, ni siquiera parece tener intención de atajarlos. Se fía todo a la providencia y a que aparezca una gran figura que arrastre a la gente.

Ahora más que nunca los toros necesitan de los medios de comunicación como escaparate social, especialmente de los no especializados. Y por encima de todo la televisión en abierto se hace imprescindible para enseñar el toreo, captar nuevas aficiones y dar continuidad al relevo generacional necesario para que siga habiendo futuro.

Hace unos días cumplió cincuenta años Enrique Ponce, el torero más destacado de los últimos tiempos y uno de los grandes nombres de la historia de la Tauromaquia. Un aniversario que se ha celebrado en mitad del único parón que se ha permitido en una carrera de cuatro décadas.

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