Llegó el muy taurino agosto y salta en pedazos, en añicos, una época que pudo ser de oro para el rejoneo, si Hermoso de Mendoza hubiese querido mientras Ventura esperaba y deseaba la competencia. Qué pena haber dejado pasar esta ocasión porque se tardará mucho tiempo en encontrar dos rejoneadores de esta categoría. Pero que mucho.
Una de las noticias que ha generado la recién finalizada feria de julio de Valencia -en la que pesa más en el balance final lo bueno que lo negativo- fue, pese a todo, un hecho que no añade gloria a nadie: el que un toro de Cuadri fuese condenado a banderillas negras.
Cuando echamos la vista atrás malo es no ver nada de lo que estar orgulloso. No es el caso, afortunadamente, y al margen de otras satisfacciones y logros -pequeños, comparados con lo conseguido por otros, pero más que suficiente para mis modestas aspiraciones- el ver que Avance Taurino sigue estando en las plazas, cada tarde de feria, es motivo de alegría y de sensación de haber hecho algo útil. Algo, por otra parte, tampoco fuera del alcance de cualquiera. Como decía el poeta, sólo el miedo a la derrota hace que fracasen los proyectos. Bueno, eso y el no trabajar duro y con constancia, el dejar las cosas para mañana, no saber aprovechar las ocasiones, no arrimar el ascua a tu sardina y, desde luego, que la suerte te deje de lado...
Como preámbulo a la Feria de Julio, la Diputación de Valencia organizó por segundo año consecutivo un certamen internacional de escuelas taurinas. Un éxito a todos los niveles. Buen ganado, interesantes novilleros y mucho público a pesar de que los carteles no anunciaban nombres deslumbrantes, únicamente a la base del toreo. La tauromaquia actual debe estar agradecida a esta iniciativa que no debería quedarse a orillas del Turia.
Dice Jesulín que vuelve. Lo dice él y lo confirma Maximino Pérez, empresario que lo es de la plaza de Cuenca y en cuyas combinaciones aparece el nombre del torero de Ubrique para torear el día 19 de agosto. Será al menos por un día y lo hará con Juan José Padilla -que este mismo año se despide de los ruedos- y Cayetano Rivera Ordóñez como compañeros de cartel. Un cartel mediático -término que él contribuyó no poco a poner de moda- y en el que encaja a la perfección.
En Pamplona Pepín Liria volvió a ser el héroe épico que siempre fue. Con su actitud predicó con el ejemplo, la mejor lección que puede dar a sus alumnos de la Escuela Taurina de Murcia y a todos cuantos pretenden ser toreros.






