Motivos para soñar

Desde tiempo inmemorial, desde que el hombre se irguió sobre sus piernas y razonó, el ser humano tiene ilusiones. Como el pájaro alas, que diría Pascal. “Eso es lo que lo sostiene. Es en ti la ilusión de cada día”, recitaba Neruda en uno de sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada, en 1924.

 

 


Paco Delgado

 

André Maurois creía que “una ilusión eterna, o por lo menos que renace a menudo en el alma humana, está muy cerca de ser una realidad”. De momento, y por lo visto en los dos primeros seriales de relevancia de la temporada, hay varios nombres que han hecho revivir la esperanza de dar con un torero que haga resurgir la fiesta taurina y que renueve un escalafón ya muy veterano y visto.

Siempre aficionados y profesionales han creído y dicho que lo único que necesita el mundo de los toros para seguir funcionando y llevando gente a la plaza que sostenga el negocio es que aparezca una figura. Un diestro con tirón, carismático, diferente. Y así ha sido, efectivamente, de siempre. Baste recordar que en el último siglo los nombres de Gallito, Belmonte, Manolete y El Cordobés, cada uno a su estilo y con sus peculiares y particulares maneras, revolucionaron el cotarro y dieron combustible para que funcionara el invento.

El último que ha hecho algo parecido ha sido José Tomás, aunque sin la insistencia que se hubiera deseado. Mucho tiempo, en cualquier caso, para no mirar con preocupación un futuro que se antoja complicado…

Y en eso estamos cuando desde Algemesí y a través de la Escuela taurina de Valencia aparece un novillero llamado Nek, Nek Romero. Nek por parte de madre, apasionada admiradora del cantante italiano del mismo nombre, y que desde que diera sus primeros muletazos bajo la supervisión de Víctor Manuel Blázquez dejó ver que había algo en él que podía ser muy importante. Su etapa como becerrista confirmó su disposición, aptitud, actitud y progreso.

Tras su debut con picadores, en la feria de su pueblo, de la que fue el máximo y gran triunfador, Nek sólo ha tomado parte en otra novillada, y la apuesta no fue sencilla: en Valencia y en fallas. Pero no defraudó, al contrario, pese a que no hubo puerta grande ni éxtasis colectivo, todo el mundo estuvo de acuerdo: aquí hay torero. Valencia necesita ya uno con urgencia y él puede ser. Ya ha logrado que se le tenga como el gran destacado del serial fallero y, más difícil aún, que sea común y generalizado el comentario positivo sobre su actuación y posibilidades. Que son todas.

En Castellón, en un serial muy gris y triste, el panorama fue iluminado por un novillero llegado de Valladolid, Daniel Medina, todo frescura, ganas, arrojo, desparpajo y talento. Conoce el oficio y tiene gusto. Toreó con suavidad y parsimonia, evidenciando sentido del temple y de la colocación, procurando quedarse quieto y ligar los muletazos sin enmendarse. Puso a la plaza en pie con una serie de derechazos rematada con un soberbio natural de rodillas. En pie dejó ver una notable solvencia técnica y capacidad a la vez que valor para manejar sin agobios a un novillo que pedía papeles. Y con la espada fue un cañón.

También en ambas ferias destacó, en un escalón más bajo, otro chaval del que ya se habló mucho y bien la pasada campaña, Samuel Navalón, valenciano afincado desde niño en tierras de Albacete y de cuya escuela taurina es ahora mismo el principal exponente. Otra razón más para la esperanza, aunque no hay que precipitarse ni lanzar las campanas al vuelo. Hay que tener prudencia, paciencia y no escatimar esfuerzo y trabajo. Visto lo visto, está claro que la ilusión vale cuando la realidad la toma de la mano.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977. Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.
Es responsable del área taurina de RNE en la Comunidad Valenciana y corresponsal del diario La Razón. Creador y director desde 1993 de Avance Taurino.

Es autor de más de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Vicente Barrera Simó, Julián García, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…

Ha dado conferencias por toda España y comisariado y organizado exposiciones para Ayuntamientos, Diputaciones y numerosas entidades de nuestro país.