Luz de gas

Apenas llevamos unos días de este año nuevo y ya estamos a la gresca. Por un lado los antitaurinos siguen empeñados en amargar a quienes no comulgan con sus ideas y por otra parte los responsables del negocio siguen a lo suyo y generan tensiones con los primeros anuncios de ferias y carteles.


Paco Delgado

No ha habido que esperar mucho para que salten las primeras chispas en torno al tan extraordinario, apasionante y maravilloso mundo de los toros, tan controvertido, a la vez, por la actitud de unos y otros. Nunca es fácil ni sencillo que la gente se ponga de acuerdo y mucho menos cuando no hay intención de hacerlo sino de todo lo contrario.
Si ya hubo indignación cuando el impresentable Ministro de Cultura -no se puede ocupar ese puesto, ni ningún otro de carácter público, cuando se es sectario y sólo se mira hacia un sector de la población y se ignora y desprecia al resto- no tuvo en cuenta para nada al toreo en la concesión anual de las Medallas de Oro al Mérito de las Bellas Artes, hay que añadir  la propuesta de Sumar en el Congreso con la que se pretende prohibir el acceso de los menores de 18 años a los festejos taurinos y su formación en escuelas taurinas, argumentando que estas actividades suponen un “riesgo para el bienestar psicológico y emocional” de los menores, toma ya,  poniendo la guinda, por ahora, me temo, la campaña publicitaria que durante varios días se ha publicado en el diario antitaurino por excelencia, El País, apoyando la ILP que busca derogar la Ley de Patrimonio Cultural que ampara a la tauromaquia, dando a entender que los festejos taurinos se financian, montan y organizan echando mano a lo que se recauda con los impuestos que pagamos casi todos los ciudadanos.
Y, por si faltaba caña, con la Unión Europea amenazando con retirar las subvenciones a las ganaderías… Todo ello difundido con gran despliegue mediático y amplificado por la prensa, que parece que también toma partido por el sol que más calienta, y por los medios especializados que andan bajo el paraguas de quien maneja el cotarro, tratando así de tapar los muchos agujeros que presenta un tejado contra el que cada vez se lanzan mas piedras y se refuerza menos.
Dando ya por perdido el empeño de lograr una unión real, efectiva y eficaz entre todos los estamentos de la fiesta -algo que parece que no interesa a ninguno de ellos, que andan más a gusto yendo cada uno por libre que sometidos a una dirección única y que aglutine esfuerzos en el mismo sentido en pro de la causa común-, a estas alturas, con los primeros carteles ya en la calle, todavía no se sabe si habrá televisión o el de los toros seguirá siendo un espectáculo marginal y underground, oculto al gran público.
No es ya que sea de lamentar que las grandes cadenas, empezando por la pública -que debería ser la más interesada en dar cobertura y difusión a una de las principales referencias de nuestra cultura e indiscutible seña de identidad española-, sino que no ha habido intento de acercamiento a las televisiones privadas, cuya audiencia se disparó cuando sí televisaron corridas, muy constreñidas y obedientes al dictado de lo politicamente correcto… y a favor de la publicidad institucional que les tapa la boca y llena la bolsa.
Tampoco parece que esta temporada se vaya a dar mucha cancha a los nuevos valores ni a los toreros que un año atrás dieron la cara y se ganaron el derecho a ser tenidos en cuenta. Gente que puede, o podría, ser un revulsivo de cara a renovar un escalafón ya muy veterano y muy visto, que dice ya poco al gran público, a lo que se ve tampoco va a ser promovida como toca. Es muy significativa la foto, asímismo divulgada con gran aparato, pompa y boato, de los responsables de la la Monumental de Las Ventas anunciando, como gran suceso, la contratación de Manzanares y Castella… lo que da idea de por dónde van a ir los tiros.
Y más de lo mismo tenemos en los primeros carteles ya oficiales: prima lo requetevisto sobre la novedad, siempre, claro, que aquello sea apoderado por alguna de las grandes empresas, que buscan antes el beneficio personal que el futuro de un espectáculo que resiste, pese a todo, por su tan impresionante fuerza y tremendo arraigo popular.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977. Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.
Es responsable del área taurina de RNE en la Comunidad Valenciana y corresponsal del diario La Razón. Creador y director desde 1993 de Avance Taurino.

Es autor de más de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Vicente Barrera Simó, Julián García, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…

Ha dado conferencias por toda España y comisariado y organizado exposiciones para Ayuntamientos, Diputaciones y numerosas entidades de nuestro país.