Y las playas -ya os dije ayer las tres que hay en Valencia-, para los de casa y poco más. Ahora la masa se ha apoderado de todo y la ciudad revienta de calor -como siempre- pero también de aglomeraciones.
Sé que alguno pensará que me molesta que esta ciudad sea pasto de guiris incontrolados…pues, sí. Me molesta. No el que la extranjería se acerque a conocer nuestra ciudad y compartir con nosotros el calor, también la horxata y demás, sino que la enguarren sin pudor. Estos días, al salir de la radio, el bus de la EMT que me llevaba a casa era casi como un suplicio. Guiris disfrazadas de gentes, o gentes disfrazadas de guiris, tomaban al asalto el bus sin contemplaciones, cargados con sus mochilas, muchos de ellos a pecho descubierto, vociferantes…maleducados, en fin. Así…la ciudad no es para mi.
Y que nadie piense, tampoco, que los años hacen mella en la visión de estas circunstancias que os cuento. No es eso, no. Es que, entre otras cosas, la malaeducación campa por sus fueros. Y así nos va. La cultura, la educación…la cultura urbana, la educación en el trato…
Cultura…cultura taurina. Y llego a desembocar en el esperpento de presidente que ayer se sentó en el palco. Después de su demostración de ineptitud, no queda otra que cesarlo. O, si tuviera vengüenza, dimitiría como honrosa decisión tras su desdichada actuación de ayer. Las crónicas,¡seguiro!, que cuentan que su trato a Ureña es merecedor de enviarlo fuera de la plaza para los restos. No hay derecho.
Hoy toca la última. Se acaba, cuando en verdad debería empezar ahora la cosa taurina del mes de julio. Con todo, la Feria de Julio sí es para mi. Con guiris o sin ellos. Mejor con las gentes de la huerta, aquellas que siempre llenaron la plaza cuando San Jaime tutelaba la Gran Fira de València.








