No se trató con justicia a Paco Ureña, que tras llevarse una fenomenal paliza de su primero salió de la enfermería bajo su responsabilidad para firmar una faena valentísima, muy firme, templada y redonda que remató con una estocada a matar o morir. ¿Y eso no vale ya las dos orejas?.
Valencia, 22 de julio. Tercera de feria. Menos de media entrada.
Toros de Luis Algarra,
Paquirri (de azul pavo y oro), silencio en su lote.
Paco Ureña (de blanco y oro), ovación tras aviso y oreja con fortísima petición de la segunda y enrome bronca al presidente.
López Simón (de amapola y oro), oreja y silencio con aviso.
De las cuadrillas destacaron Domingo Siro y Jesús Arruga.
Paco Delgado
No funcionó el invento de meter en el abono un nombre habitual en la prensa de sociedad y cotilleos pero lejos de su mejor momento en el toreo. Falló el corazón rosa pero funcionó el corazón que late baje el bordado de oro y que busca la gloria torera. Aunque sea a costa de su sangre.Y su sangre dio Paco Ureña en pos de un triunfo que se le escapaba. Se picó al revés al largo y vareado segundo, con la salida siempre totalmente tapada. Y al revés pareció comenzar Ureña su primera faena, sin acoplarse con un astado que calamocheaba y miró demasiado. Al natural, sin embargo, todo fue distinto. El toro tuvo mucha más claridad y recorrido y su matador aprovechó para encauzar sus embestidas con templanza y largura. El drama llegó a la hora de matar, cuando tras un pinchazo se volcó sobre el morrillo y resultó enganchado por el muslo derecho, siendo zamarreado de muy mala manera y quedando inerte en el albero, aunque aún pudo ir a la enfermería por su propio pie. Salió, bajo su responsabilidad, para lidiar al sexto, con el que se lució al recibirle a la verónica, mostrándose muy firme y aguantando las dudas que pudo tener un toro que acabó, como la plaza entera, rendido a un torero que dejó una faena valentísima, templada y redonda, con los mejores muletazos de la función y una estocada a matar o morir, siendo incomprensible, y a todas luces injusto, que no se le concediese la segunda oreja.
Se arrancó el tercero de lejos y con bravura hacia el caballo, sin que el piquero de turno estuviese acertado en su misión, llegando el astado al último tercio aplomado aunque manejable. Se le fue a López Simón la primera parte de su labor en probaturas, toreando con más velocidad que aplomo y sin lograr asentar un quehacer muy largo que sólo subió de tono con el arrimón final, llevándose una oreja al matar de manera contundente.
Derrochó valor y ganas con el rebrincado quinto, que nunca tuvo voluntad de embestir y al que dio más coba de la que merecía.
No comenzó bien la despedida de Paquirri de Valencia, plaza en la que, por otra parte, nunca logró actuaciones de relumbrón ni faenas para el recuerdo. Se le dio duro en el caballo al castaño que abrió plaza, lo que propició un tercio de banderillas bastante desangelado por parte del espada. También quedó desairado el inicio de su faena, con el toro por un lado y el torero por otro, recorriendo todo el redondel para lograr fijarlo, muleteando luego sin emoción alguna y sin que hubiese sintonía entre las partes en una actuación bastante desordenada y de poca limpieza.
El cuarto se estampó contra la barrera y tras quedar conmocionado unos momentos se rehizo y empujó con ganas en el peto, aunque salió buscando toriles. Esperó en banderillas y cortó el viaje en la muleta, lo que no dio confianza a Paquirri, precisamente, que anduvo tirando líneas sin decisión ni recursos. Vino a Valencia a despedirse y, como dijo en cierta ocasión el célebre y recordado Bojilla, maestro, está despedido.








