También puntuaron El Cid y Emilio de Justo.
Sevilla, 22 de abril.
Sexto festejo de abono. Casi lleno.
Toros de Victorino Martín, el quinto premiado con la vuelta al ruedo.
Manuel Jesús “El Cid”, vuelta al ruedo y oreja.
Manuel Escribano, ovación y dos orejas.
Emilio de Justo, oreja y ovación.
Pepe Ruciero
Foto: Toromedia
Una entrada magnífica, casi lleno en los tendidos de La Maestranza. Con un público diferente, llegado de los pueblos limítrofes de Sevilla, Extremadura y sierra de Huelva, los aficionados se acomodaban y llenaban las localidades de sol. Calor y sombreros de paja para presenciar la ya tradicional corrida de Victorino. Interesante encierro, con buena nota, destacando tercero, cuarto y quinto. Frente a ellos tres toreros conocedores y especialistas de la marca. Se iniciaba la tarde con una ovación al torero de Salteras, Manuel Jesús “El Cid” tras su vuelta a los ruedos; y que vuelta con más éxito, tras reencontrarse con sus vecinos y sus paisanos, exaltando su poderosa mano izquierda.
Lanceó El Cid con solvencia a su primero. Tras brindar al público y sin probaturas tiró de la zurda para gustarse en unos soberbios naturales. Buscó la distancia sobre la derecha y enjaretó unos muletazos que hicieron tocar a la banda, de nuevo series con la zurda remataron su final de faena. Con su segundo, que no se salía de los vuelos del capote, recurrió a sacarlo a los medios con oficio. Saludó Lipi en banderillas. Su faena de muleta estuvo basada sobre la izquierda, con poder y mando. De nuevo por abajo, siguió sobre la zurda con naturales de una profundidad excelente, tras estocada paseó una oreja.
Humilló en exceso de salida, impidiendo el lucimiento, el primero de Manolo Escribano. Arriesgó con la franela ante un animal que se revolvía con ganas de presa. Las tandas por ambos pitones presagiaban la tragedia en el ruedo. Expuso bastante Escribano ante la falta de recorrido del marrajo. Atacó el diestro en su última serie sobre las medias arrancadas del burel. Se fue a portagayola a recibir a su segundo. Fácil y con solvencia en banderillas. Conectó con los tendidos en una serie de mano baja sobre la diestra. Con valor dejó momento estelares de torero hecho con el poso propio de los años de alternativa. Con cadencia, Escribano dejó muletazos sobre la cadera de inagotable torería, con mucha despaciosidad, concediéndole la presidencia las dos orejas y vuelta al ruedo para el de Victorino, de nombre “Patatero” y triunfo importante de Escribano que de nuevo se rencuentra con su afición.
Emilio de Justo recibió a su primero con lances arqueando sobre las rodillas. La condición del victorino dejó en entredicho su nobleza y colaboración pero De Justo, en un arrebato de inteligencia, logró la entrega de la res, tiró de la izquierda y sacó naturales con lentitud y temple. Lo intentó sobre la diestra aunque la calidad del toro no era la misma. Insistió de nuevo sobre la zurda con mucho tacto antes de matar de una estocada perfecta de ejecución, paseó una merecida oreja.
Violento de salida el último toro de la tarde, brindó al público y ante la poca fuerza del toro, De Justo insistió, jugándose el tipo y arrancándole muletazos más que dignos propios de la impronta del torero de valor que lleva dentro, el fallo a espadas hizo el resto.









