El respeto de Nadal. Artículo de Carlos Bueno

Rafael Nadal se ha ganado el respeto y la admiración de todo el mundo, tanto por sus logros deportivos como por su forma de ser fuera de las pistas de tenis. Sólo un minúsculo número de sectarios sienten desconsideración por él, sobre todo después de declarar que respetaba el toreo por ser parte de la cultura y de la tradición de España. España y toros, un binomio del que algunos abominan.

 

 

 

Uno de los deportistas más grandes de la historia dice adiós. El tenista Rafa Nadal pone punto y final a una carrera jalonada de éxitos y de alegrías, también de sufrimientos internos que siempre llevó con la mayor discreción. Sus triunfos son prácticamente incontables y su ejemplo será imborrable. En las pistas Nadal enarboló la bandera del trabajo, el esfuerzo, la constancia, el sacrificio, la superación, la lucha, la resistencia… Fuera de las canchas la de la buena educación, el elogio a los demás, el respeto, la solidaridad, la sensibilidad, la sinceridad…

 

Su trayectoria se me antoja similar a la de un torero. Comenzó siendo un niño. Vivió en cuerpo y alma para la que pretendía que fuese su profesión, y le dedicó su tiempo por completo dejando a un lado distracciones y jaranas típicas de la juventud. Pasó cimas y simas, victorias y derrotas, seguridades y dudas, plenitud y quebrantos que no le dejaron rendir siempre al mejor nivel. Con total certeza, el palmarés de Rafa sin lesiones hubiera sido todavía más gigantesco, el más extenso e importante de todos los tiempos. Aún así, a pesar de sus continuos contratiempos físicos, su recorrido profesional ha sido muy largo y se ha desarrollado a la par que el de Enrique Ponce, que tomó la alternativa sólo un año antes de que el tenista empuñase su primera raqueta con tan solo cinco años.

 

Sin duda, su grandeza y su modestia van de la mano, y es difícil encontrar a alguien que sienta desconsideración por él, aunque siempre hay algún extremista retorcido que antepone su antitaurinismo para no rendirse a la majestad apabullante e indiscutible del dios de Manacor. Recuerdo que en 2008 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes y, en una entrevista concedida al periódico londinense The Times, reconoció que, a pesar de no ser aficionado a las corridas de toros, respetaba totalmente a la Tauromaquia porque “forma parte de la cultura y de la tradición de mi país”, dijo textualmente, lo que valió para que algunos medios sectarios saltasen como buitres carroñeros sobre el que pasaba a ser un ídolo caído.

 

En ciertas publicaciones de medios supuestamente serios titulaban que su apoyo al toreo “despejaba su lado carca”. Claro, ellos están en el poder de la verdad absoluta y dictan qué es retrógrado y qué es progresista. Para avalar su posición, razonaban que “el manacorí ha lucido siempre que ha podido los colores de España en sus atuendos, y eso, junto a otros muchísimos detalles, dejan clara su ideología españolista. Y ahora también apoya los toros”, se lamentaban mientras le colocaban una etiqueta prejuiciosa.

 

Pues sí, Rafa Nadal, con independencia de su tendencia política, se siente orgulloso de ser español y, posiblemente junto a Miguel Induráin, ha encarnado valores que le han señalado como el mejor embajador que ha tenido nuestro país en el mundo. Y, a pesar de no ser aficionado a los toros, además es respetuoso con su cultura y sus tradiciones. ¡Qué mal les sabe a los antis que los grandes ejemplaricen su respeto! ¿Quién es el que lleva la etiqueta de la intransigencia y el desprecio?

Nació en Algemesí (Valencia) en 1968.

Director y presentador de programa taurino “El Corro” de Berca TV, Televisión de Algemesí, desde 1996.

Director y presentador del programa taurino “Patio de Cuadrillas” desde su creación en 2002, pasando por LP Radio, Punto Radio, Gestiona Radio e Intereconomía Radio.

Articulista de la revista “Avance Taurino” desde 1998.

Redactor del semanario taurino “Aplausos” desde junio de 2004 hasta agosto de 2005 y director del periódico “La Veu d’Algemesí”.

Ha escrito los libros «Luis Francisco Esplá, toreador», «Plaza de toros de Algemesí» y «Sueños de gloria».