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Morante comenzó la temporada y se le vio alicaído. Alegó malestar anímico y se “quitó” de varias plazas donde estaba anunciado. Después de dos semanas de reposo volvió a hacer el paseíllo el Domingo de Resurrección en Sevilla, una fecha emblemática que no podía perderse, quizá por eso hizo el esfuerzo. Pero las cosas de la mente no se curan en 15 días.

Durante diez días Valencia vivió sus fiestas falleras, en las que la música, la pólvora y la gente prepararon el camino al fuego purificador. También en el coso de Monleón hubo color, ambiente y abundantes notas de interés, muchas de las cuales no deben desaparecer sin rastro como el humo que acabó con las fallas.

Sí: toreros, procesiones y cofradías. Los toreros empezaron en Cartagena en la madrugada del Viernes de Dolores, la única ciudad que tiene dos madrugadas en Semana Santa, sacando en la primera procesión de España al Cristo de los Toreros conocido popularmente como Cristo del Socorro, con antigüedad de siglos. Desde las 4 de la madrugada hasta subirlo a la Catedral, la única no restaurada de España aunque tiene el presupuesto aprobado  hace varios años. A la carrera, hasta llegar a la cima de un monte tras superar los portapasos todas las adversidades.

El llamado Palco Infantil de la plaza de toros de Valencia comenzó a organizarse hace seis años, con Compromís de socio de gobierno autonómico. Pero es ahora, con la formación nacionalista en la oposición, cuando manifiesta su desacuerdo con esta actividad que, según ellos, “implica riesgos para la salud mental, el desarrollo y el bienestar de los niños”. Un acto de hipocresía y un insulto para cuantos fueron y son aficionados a los toros.

No todos los días se tiene la oportunidad de presenciar un festejo tan emocionante, interesante e intenso como el que protagonizó Román el pasado día 10 de marzo en el inicio de la feria de fallas. De los que reconcilian con un espectáculo muy maltratado y de los que, de verdad, hacen afición.

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