¿Sería momento de plantear un “cónclave taurino” para repensar el modelo, consensuar reformas y buscar un equilibrio entre fidelidad a la liturgia del toreo y adaptación a los retos que reclaman los nuevos tiempos? Del mismo modo que, tras la muerte del Papa Francisco, el Colegio Cardenalicio designará un relevo que de continuidad sin fosilizar, la tauromaquia debería encontrar un órgano rector que trace una estrategia global y a largo plazo, especialmente en estos momentos donde su presencia social, legal y cultural está cada vez más cuestionada.






