El toreo es la actividad más complicada de cuantas existen. Para que se produzca el triunfo han de confluir factores que se escapan a la preparación, disposición, habilidad y conocimiento humano. Se dice que “el hombre propone, Dios dispone y el toro descompone”, y es cierto. Un empresario puede organizar el festejo más justo pero eso no le garantiza la respuesta del público. El torero puede estar más que concienciado y el ganadero haberse esmerado en la cría de los toros, pero nunca hay seguridad de éxito.






