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  El 11 de agosto se cumple el ochenta y dos aniversario de la cogida mortal de Ignacio Sánchez Mejías en la plaza de Manzanares. Fue un espada que tuvo una personalidad excepcional y dotado de un carácter polifacético, por las múltiples ocupaciones que desempeñó al margen de los ruedos. Ignacio Sánchez Mejías nació el 6 de junio de 1891, en la calle de la Palma de Sevilla.  Hijo de un médico acomodado, debutó en público como banderillero en la plaza mejicana de Morelia en 1910. De esta guisa actuó en la cuadrilla de Corchaíto, y luego lo hizo ya en España en las de Belmonte y Rafael El Gallo. A partir de 1914  ingresó en las filas de Joselito, con quien emparentó en 1915 al casarse con su hermana Lola. Ignacio alternó sus actuaciones como banderillero con las de novillero y en este escalafon debutó en Madrid el 13 de septiembre de 1913, alternando con Luis Suárez Magritas y Larita en la lidia de reses de Fernando Villalón. El 16 de marzo de 1919 tomó la alternativa en Barcelona, de manos de Joselito y con Belmonte de testigo ante reses de Vicente Martínez. Confirmó este doctorado en Madrid en la corrida de Beneficencia del año siguiente con idéntico cartel de toros y toreros.  Durante muchos años estuvo en cabeza del escalafón, alternando en todos los carteles importantes. Torero arrestoso, de personalidad y mucho valor, dejó de torear en 1923, si bien volvió al año siguiente enfrentándose a los empresarios …

Hemos tenido muchas oportunidades últimamente para ver lo taurinos que son. O lo que les importa el negocio que es positivo para muchos españoles o el trabajo que da a tantos. Y el respeto que se debe a tantos millones que van a las plazas. Y el cuidado a una tradición que está dentro de las mejores que tenemos y a nuestra bellas artes, con minúscula y mayúscula.

  La decisión tomada días pasados por el alumno de la escuela de tauromaquia de Valencia Alejandro Contreras, en el sentido de dejar de intentar seguir la profesión de torero, así como las razones que esgrimió en el comunicado que daba cuenta de la misma, ha servido para volver a poner de manifiesto lo que en realidad deben ser los objetivos de las escuelas de tauromaquia y el de todos cuantos se inscriben en ellas. Cuando se constituyó la escuela de Valencia en el año 1983, el director elegido fue Francisco Barrios El Turia. Un matador de toros que gozó de gran cartel, sobre todo en su etapa como novillero, allá por la década de los 50. Pues bien. El Turia manifestó con tanta valentía como lucidez, ya en el mismo momento de su inauguración, que la función esencial de las escuelas taurinas no la constituía el hecho de que de ella salieran profesionales del toreo. Al contrario. Afirmaba que su principal objetivo era el de formar personas y profesionales, tanto en la plaza como en la calle. Y en este sentido siempre se intentó cuidar con esmero el tema de la formación integral de sus alumnos. El objetivo era, y debe seguir siendo, el de formar buenos profesionales, y sobre todo ser un semillero de grandes aficionados. Y es que, teniendo en cuenta las edades que tienen los que se inscriben en ellas, el toreo debe formar parte de su educación, de su ciclo formativo tanto académico como personal. …

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