Hace unos días falleció Enrique Moratalla Barba. Tanto con los pinceles como con la cámara un artista extraordinario, un fenómeno, un portento, un genio. Un personaje único, irrepetible. Uno de los últimos bohemios auténticos. Le idolatraba y le apreciaba con todo mi ser. Le quería de verdad y no me despedí de él. Y eso me pesará por siempre.






