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Dos dinastías taurinas cartageneras con historias increíbles y paralelas. Dos vidas que acabaron las dos el pasado mes de noviembre. Dos aficiones comunes apasionadas : los toros. Dos amores eternos : Cartagena. Dos actividades conjuntas : conserjes de la plaza de toros de Cartagena. Dos personas inolvidables. Dos biografías de película.

Se cerró el primer capítulo de la temporada española, la feria de fallas; un serial que se ha vivido intensamente y que deja abundantes detalles de interés y varias notas al margen.

La última actuación de Roca Rey en Valencia se saldó con un nuevo éxito, pero estuvo menos en Roca Rey que otras veces. Fue un torero parsimonioso, meditabundo, un tanto misterioso. La habitual alegría de su rostro juvenil dio paso a una figura más afligida, quizá espiritual. Mutó la personalidad propia que le ha dado el sitio que ahora goza y recordó a José Tomás.

Inmersos ya en plena feria fallera, bueno es recordar -y así lo hace una exposición que se muestra en la propia plaza de toros de Valencia- que el serial valenciano cumple este año 90 años de vida. Nada menos.

El toreo debería ser algo más impredecible, sorpresivo, variopinto y emocionante de lo que se ha convertido en la actualidad. La depuración del comportamiento del toro en todas las ganaderías y la preparación de élite de los toreros han provocado que hoy se toree con más perfección que nunca, y a los empresarios-apoderados les ha convenido minimizar riesgos para maximizar beneficios. Todo ello ha provocado que la fiesta del toro bravo sea ahora más monótona.

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