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Pese a la experiencia de tanto tiempo, al parecer, es preciso tropezar una y otra vez, si no en la misma piedra, sí en todas las que vayan apareciendo en el camino. No es el humo lo que nos ciega, sino las ideas preconcebidas, la soberbia y, sobre todo, la ignorancia.

La creencia de los taurinos acerca de que la tauromaquia es eterna y nadie acabará con ella no tiene ningún sustento en un mundo fugaz y una sociedad cambiante que muta sus gustos y entretenimientos sin apego a la historia ni a las tradiciones. El sentimiento anti gana adeptos ante la pasividad de los pro, y poco a poco los toros van desapareciendo del mapa mientras las ensoñaciones inundan de falsas esperanzas a los aficionados.

A Paquirri no lo mató un toro. Me explicaré. El origen de su muerte fueron las cornadas, tres, de un toro en Pozoblanco, sí pero... Tampoco lo han vuelto a matar, pero sí a ensuciar su figura, o intentarlo, toda la gentuza que ha hablado ahora de él sin tener ni puta idea de lo que fue como torero y su carrera profesional.

Dos de las mas importantes plazas de toros del mundo han cumplido años estos días. Acho, que llega, nada menos, a su 255 aniversario, que se dice pronto, y la Monumental de Méjico, que celebra 75 años de historia. Dos efemérides que dejan bien clara la importancia y trascendencia del espectáculo taurino.

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