Según un informe publicado hace un par de años por el Ministerio de Cultura, cabe convenir que quien ose a calificar de incultos, o peor, de asesinos, a los taurinos no sólo está mintiendo sino que además está perpetrando una injuria.
Según un informe publicado hace un par de años por el Ministerio de Cultura, cabe convenir que quien ose a calificar de incultos, o peor, de asesinos, a los taurinos no sólo está mintiendo sino que además está perpetrando una injuria.
Lo de ORTTHEZ y la suspensión de la corrida por la cornada de EL ADOUREÑO no se entiende bien en España. Corneado –herida cercana a la femoral–, los equipos médicos no le intervinieron y sí le trasladaron y acompañaron al hospital más cercano, el de DAX . Total, se suspendió la corrida en el 4º porque en la plaza no quedaron médicos. Un lío del que no había precedentes. Y encima dice el torero que dudaban en si trasladarlo ya o esperar al fin de la corrida, pero se impuso el criterio del apoderado. Un lío con final feliz. Y que conste que en FRANCIA no existe la costumbre de que se intervenga al torero herido en las instalaciones sanitarias de la plaza, por lo que se le estabiliza y se le traslada al hospital más cercano, pero este trámite puede suponer la vida de una persona, que dijo ya hace años el DR. GARCÍA PADRÓS.
El séptimo mes del calendario, vive, por segundo año consecutivo, una situación extraña y descorazonadora, al margen de un panorama sanitario otra vez amenazador y panza de burra. Desde la guerra civil no se había visto cosa igual: no hay toros en Pamplona ni en Valencia.
Siguen ahí, de actualidad. DE JUSTO, triunfador. PONCE, escondido. Pasan los días y sigue out. Se habla ahora de acuerdo con PALOMA CUEVAS. Y GARZÓN, el ministro/e, fracasado.
Si uno come pipas en una plaza de toros es porque nada perturbador está ocurriendo sobre el albero. Cuando la emoción del toreo se hace presente sólo cabe la conmoción, la alegría, la euforia, el pellizco, la sorpresa, la alteración y un aumento de las pulsaciones que nos aleja de la indiferencia e impide realizar actividades cotidianas con normalidad, como comer pipas con parsimonia. Y el secreto para que la catarsis se haga presente no es otro que la intensidad.
Sigue el misterio PONCE. Ni una palabra. Como si estuviera desaparecido, no secuestrado. Nadie esperaba esto, como tampoco se puede asimilar el cambio de PONCE desde el divorcio y el nuevo amor. Increíble para los seguidores de tantos años.