OPINIÓN

HomeOPINIÓN

El séptimo mes del calendario, vive, por segundo año consecutivo, una  situación extraña y descorazonadora, al margen de un panorama  sanitario otra vez amenazador y panza de burra. Desde la guerra civil  no se había visto cosa igual: no hay toros en Pamplona ni en Valencia.

Si uno come pipas en una plaza de toros es porque nada perturbador está ocurriendo sobre el albero. Cuando la emoción del toreo se hace presente sólo cabe la conmoción, la alegría, la euforia, el pellizco, la sorpresa, la alteración y un aumento de las pulsaciones que nos aleja de la indiferencia e impide realizar actividades cotidianas con normalidad, como comer pipas con parsimonia. Y el secreto para que la catarsis se haga presente no es otro que la intensidad.

Ha sido, sin duda, la noticia de la semana, del mes, del verano y del  año. La retirada de Enrique Ponce, tan sorpresiva como inesperada, ha  dejado conmocionado a todo el mundo. Nadie daba crédito, pero lo bien  cierto es que su nombre no estará ya en los carteles. Una pérdida  enorme.

Mucho se ha hablado estos días de JOSÉ MARÍA MANZANARES, padre, JOSÉ MARÍA DOLS ABELLÁN, hijo y padre de toreros. Mucho y bien. Y con justicia. Por su biografía torera. Por su valor, su técnica, su constancia, su afición, su voluntad.

COLOCA AQUÍ TU PUBLICIDAD

PÍDENOS PRESUPUESTO