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A veces se queda uno sorprendido de ver las cosas de la tele pero como la locura es la peor pandemia que padecemos, mucho peor que la del coronavi, pues tiene  mirar para otro lado para no hacerse mala sangre, pero lo del Canal Sur, “El legado de Paquirri”, se pasó de castaño oscuro. Estaba en guardia porque había visto los decepcionantes dedicados a Lola Flores y a Carmen Sevilla, ligeramente caóticos y parciales.

Hace décadas, prácticamente todos los pueblos de España celebraban algún tipo de espectáculo taurino. En las fiestas patronales cada plaza Mayor se convertía en un singular coso donde, según el presupuesto municipal, se anunciaban matadores, novilleros o simplemente los vecinos más valientes del lugar para torear unos becerros. Eso pertenece al pasado, y el futuro no pinta nada halagüeño.

Pese a que, parece, el panorama se va aclarando y ya se ve, parece, una luz al final del túnel, el mundo del toro sigue atribulado, compungido y con no pocos frentes abiertos.

A lo largo de la historia, mayo ha sido un mes especialmente sangriento. Es eso se ha parecido el de este año al de temporadas anteriores. En esta ocasión se ha vuelto a programar una feria después de 14 meses de sequía a causa del coronavirus. Los carteles y el resultado artístico también se han parecido a los de campañas precedentes. Pero el experimento ha resultado ruinoso. O se aprende o no harán falta más pandemias.

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