El caso del actual proceso de arrendamiento de la plaza de toros de Zaragoza viene a demostrarlo. Hubo llanto y crujir de dientes general cuando se publicaron las bases por las que debería regirse el concurso. Se rasgaron vestiduras y se oyeron incesantes ayes de dolor. Hasta Nautalia lo denunció por sus condiciones “contrarias a Derecho" y cláusulas que, a su juicio, podrían vulnerar y distorsionar la libre competencia y tener que definir ya en el mes de febrero la fecha exacta en la que los diestros contratados tendrían que actuar en el coso de La Misericordia.






