133 días después de una espeluznante cogida que le pudo dejar tetrapléjico, Emilio de Justo reaparecía para imponerse a las adversidades. Más allá del éxito artístico conseguido, en el ambiente imperaba el triunfo de un hombre que ha superado más de cuatro meses de dolor, dureza, incertidumbres, miedos y esfuerzo. Fue un milagro que el torero extremeño no quedase postrado para siempre en una silla de ruedas. Fue un milagro que pudiese volver a hacer el paseíllo en tiempo récord.






