Goza de una madurez y una maestría apabullante que, sin embargo, no impiden que siga exhibiendo una frescura asombrosa a pesar de llevar 33 años de alternativa. Cada actuación suya es un deleite, una lección en la que triunfa el toreo, en la que, además del éxito artístico, continúa dándole categoría al rejoneo y pretendiendo que la tarde sea triunfal para todos. Es Pablo Hermoso de Mendoza, un veterano eternamente joven.






