Este año se conmemora el 150 aniversario del nacimiento de uno de los personajes más universales de Valencia, el escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez. Uno de los autores de la Generación del 98 en cuya obra tuvo un especial protagonismo el tema taurino. Nacido en Valencia en 1867, estudió Derecho. Y, siendo todavía muy joven, ingresó en las filas del Partido Republicano. Su talante polémico hizo que tuviera que exiliarse en París, donde entró en contacto con el naturalismo francés, movimiento que ejerció una notable influencia en su obra.
En 1894 fundó el periódico El Pueblo, que sería su plataforma política. Tras varios años en el exilio, regresó a España y más tarde fue elegido diputado a Cortes. En Madrid frecuentó círculos políticos y literarios, y mantuvo una más que estrecha amistad con la escritora gallega Emilia Pardo Bazán. En 1908 decidió abandonar la política y buscó fortuna en Argentina, donde intentó llevar a cabo dos proyectos de explotación agrícola, que acabaron en fracaso y con su ruina. Más tarde vivió en París, y en 1914 publicó la novela que le daría fama internacional, Los cuatro jinetes del Apocalipsis. En 1921 decidió retirarse a su casa de Niza, donde escribió sus últimas obras.
Entre sus novelas más destacadas figuran Arroz y tartana, publicada en 1894, con la que inauguró su ciclo de las llamadas novelas regionales. Todas ellas ambientadas en la zona valenciana, como Entre naranjos, Cañas y barro y La Barraca.
Con todo, una de las mejores de su producción es Sangre y Arena, en la que se describe con gran fuerza el mundo de la fiesta de los toros. Fuerza narrativa y maestría en las descripciones son las características de esta obra, en la que también se dibuja la psicología de sus protagonistas. Sobre todo, la del matador de toros Juan Gallardo, un hombre de extracción humilde, que se hace torero para salir de la miseria y poco a poco va escalando puestos en el toreo hasta convertirse en un espada con una gran reputación y fama. Juan vive sumido en las contradicciones que le vienen impuestas por su devenir vital. Nacido en el seno de una familia humilde y luego relacionado con los ricos.
Casado con Carmen, tiene gran cantidad de admiradoras, con las que vive una vida alegre ante la desaprobación de su madre, doña Angustias. Esta siente inquietud ante todo lo que rodea al mundillo taurino, ya que a su marido se lo llevó por delante este mismo ambiente. Y es que Gallardo no sólo ambiciona ser figura del toreo, sino conquistar a Doña Sol, una mujer por la cual el torero siente una irresistible atracción, y que le lleva a codearse con gente de clase social elevada. Asimismo, su vida discurre entre el peligro del toro y las exigencias del público. Sus relaciones con la aristocracia, sus amores, sus miedos e ilusiones y frustraciones se ven reflejadas en el texto.
Con estos personajes, se sirve el autor para criticar tanto el mundo del toreo como el de los potentados. La novela acaba de una forma trágica. Su final es asimismo crítico con el público que acude a las plazas, y esta es la frase con la que concluye la novela: “Rugía la fiera. La verdadera, la única”. Lo mejor de la obra es la maestría de las descripciones. De la psicología de los toreros, de los trajes de luces, del toro agonizando, o de los pasos de la Semana Santa sevillana. Todo ello con una técnica naturalista, prolija en las descripciones y en la que se refleja con lucidez el ambiente taurino.
De esta novela se hicieron hasta cuatro versiones en el cine. La primera, que data de 1916, fue rodada por el mismo Blasco Ibáñez con la ayuda de Max André. Esta primera versión fue restaurada en 1998 por la Filmoteca de la Generalitat Valenciana. La segunda, dirigida por Fred Niblo en 1922 y filmada en blanco y negro, fue interpretada por Rodolfo Valentino, acompañado por Lita Lee y Nita Naldi. Una tercera versión fue dirigida en 1941 por Robert Mamoulian con el protagonismo de Tyrone Power, Rita Hayworth, Anthony Quinn y Linda Darnell. Esta adaptación fue premiada con el Óscar a la mejor fotografía. Y, ese mismo año Mario Moreno Cantinflas encarnó a los dos principales personajes en una cinta titulada Ni sangre ni arena.
La última versión tiene por fecha 1989 y está dirigida por Javier Elorrieta, con guión de Rafael Azcona y Ricardo Franco. A pesar de las deficiencias taurinas de sus antecesoras, ésta sin duda es la peor de todas. Su gancho principal fueron las escenas eróticas que protagonizaba Sharon Stone en el papel de Doña Sol. El rol de Gallardo se reservó para el desconocido actor Christopher Rydell, quien deambulaba toda la película como alma en pena. Completaban el reparto Ana Torrent en el papel de Carmen, la esposa de Gallardo y Antonio Flores, quien tenía un breve y dramático papel al principio de una película que resultó todo un fiasco.









