El pasado día 24 de diciembre, Nochebuena, falleció en Valencia a los 90 años de edad, Salvador Boix Soler. Ese mismo día de hace 91 años fallecía en Callosa de Ensarriá, (Alicante) a los seis años de edad, el mayor de mis hermanos, Francisco, en cuya memoria mis padres decidieron más tarde que mi nombre fuera también el de Francisco. Ironías del destino. Conocí a Salvador hace más de medio siglo. Mis convecinos de la calle de Burriana número doce, me instaban a menudo para que realizase determinadas gestiones burocráticas en la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana de Valencia, sita en la calle de Colón, donde trabajaba Salvador Boix, como funcionario. Luego nuestra amistad se fue consolidando, Salvador frecuentaba la plaza de toros, primero como acomodador y más tarde como portero. Era asimismo asistente a cualquier acto relacionado con la fiesta de los toros, conferencias, charlas, coloquios, etc, Suscribo plenamente lo que mi compañero y sin embargo amigo, Vicente Sobrino. ha escrito hace un par de días en estas mismas páginas, sobre su participación activa en muchos actos. No solamente en ese aspecto, sino en la total coincidencia con las cualidades de Salvador: en su bondad, en su educación, su comportamiento, su estilo, su bonhomía, su afecto, su amistad y su sello personal, lejos de cualquier amago de protagonismo. Suscribo igualmente las palabras que pronunció en la misa funeral de ayer, Alberto, uno de los nietos de Salvador. A toda la familia mis condolencias y muy especialmente a su …






