A través del teléfono móvil recibo un mensaje de mi buen amigo Alberto de Jesús, director de la revista “Bous al carrer”. El mensaje no puede ser más triste. Ha muerto el pintor y dibujante Enrique Moratalla Barba.
Me pongo al habla con Paco Delgado, director de Avance Taurino, quien me confiesa que ignoraba la mala noticia. Paco Delgado, en otras ocasiones, cuando yo le pedía noticias de Enrique siempre me respondía, “Está desaparecido, nadie sabe nada de él”,
Conocí a Enrique hace un montón de años, cuando vivía en un piso de la calle Serranos de Valencia. Más que un piso parecía un museo de pintura y de dibujos. Me impresionó en gran manera y confieso que sentí sana envidía de lo que acababa de ver.
En una ocasión mi esposa y yo compartimos mesa y mantel con Enrique en una gloriosa cena con motivo de la entrega de los premios de la Diputación.
Enrique,con su carácter inquieto, mientras esperábamos en el yantar, de un plato a otro, se dedicó a ofrecernos a mi mujer Monique y a mi sendos dibujos taurinos, que guardo como oro en paño en el baúl de mis recuerdos.
Una tarde en Valencia al terminar la corrida, me quedé en la grada para pasar la crónica por teléfono a los taquígrafos de la redacción del ABC en Madrid.
Naturalmente la plaza estaba vacía a esa hora, y en ese momento ví como cruzaba el ruedo de un extremo a otro a Enrique, que llevaba de la mano a su hijo de corta edad, de tres o cuatro añitos, me parece recordar,
En áquel tiempo yo tenía en la edición de Valencia del ABC, verdadero (Ansón dixit), que dirigía ese maestro de periodistas y mejor profesional, que es Iñaki Zaragüeta, una columna casi diaria titulada “Verónicas”, noticias cortas y breves del mundo de los toros y los domingos y festivos otra titulada “El Redondel”.
Pues bien, al día siguiente le dedique mi trabajo a Enrique contando el orgulloso y torerísimo paseo con su niño y acabé el escrito llamándole !Padrazo!.
Enrique me llamó para agradecerme la cita y me confesó: “Paco, pocas veces me he sentido tan féliz y orgulloso como en esta ocasión en la que me has llamado “padrazo”.
Hace unos años mis colegas en Valencia me encargaron que organizase la cena anual de críticos e informadores taurinos. Enrique, naturalmente era uno más entre nosotros. Las tertulias en la sobremesa eran de las de no te menees pulguita, Era encantador oir narrar a Enrique sus vivencias en el mundo de los toros, además de evidenciar sus conocimientos y su extraordinario paladar para el buen toreo.
Asi era Enrique, un extraordinario artista, un grandioso aficionado, un ser con una sensibilidad fuera de lo común y sobre todo y por encima de todo un buen amigo y una gran persona.
Dios te guarde Enrique. Nos vemos en la eternidad.









