Un festejo de larguísimo metraje, ya que duró cerca de cuatro horas, aunque no exento de mensaje, resultó el festival celebrado en Albacete, a beneficio de los afectados por la Dana en la localidad de Letur.
Con casi lleno los tendidos, muchísimo ambiente, climatología apacible, a pesar de que por la mañana llovió, y espectáculo en el ruedo. Lo malo es que el festival se prolongó cerca de cuatro horas y acabó en medio de un frío polar. Una exageración.
Con todo, los aficionados lo vivieron con pasión e ilusión y siguieron el festejo con atención. Valencia debería tomar nota, porque todavía se espera que el coso valenciano, en la capital de la provincia donde se produjeron tantas y tantas desgracias por la DANA en cerca de una treintena de localidades, albergue un festival que, mientras tanto, se ha celebrado en localidades como Requena, Utiel o Vall D’ Alba.
Deberían de tomar nota de Albacete, donde las reses de Daniel Ruiz, Talavante, un novillo de los Espartales para rejones, y, sobre todo, un sobrero de regalo del hierro de Domingo Hernández, al que se le perdonó la vida, de nombre Guerrero, contribuían al exitoso resultado del espectáculo
Diego Ventura lidió con suficiencia un astado de Los Espartales. Enrique Ponce, quien se está prodigando en un elevado número de festivales, toreó con facilidad y buen gusto un buen ejemplar.
Manzanares, firmó una puesta en escena empacada.
Talavante, impecablemente vestido de corto, lidió un ejemplar de su propia ganadería, repetidor, encastado y con su punto de exigencia, ante el que firmó un trabajo siempre por la línea de la originalidad, la expresión y la ligazón.
Molina se enfrentó a un astado lustroso y , acarnerado, al que ayudó mucho a embestir en las distancias cortas. Luego lidió un sobrero de regalo, de Domingo Hernandez, excelente, al que exprimió y logró que se le perdonara la vida
Marco Pérez contó con el apoyo entregado del público y puso de manifiesto que conoce la profesión anda sobrado de recursos, aunque su muletear resultó por momentos muy periférico,
Y Alejandro González, frente a un ejemplar de Piedra Escrita, al que le faltó entrega y clase, muleteó firme y muy asentado en un trabajo de buen concepto.
El festejo resultó en lo económico y en lo artístico. Alguien debería tomar nota.