El séptimo y último festejo de la feria de fallas tuvo que ser suspendido debido al pésimo estado del ruedo.
Había estado amenazanado, y muy seriamente algún día, y finalmente el temporal que barre estos días la Comunidad Valenciana se salió con la suya y la función que abrochaba la feria no pudo celebrarse.
Ya a duras penas se dio el tradicional festejo de rejones d ela mañana del día de San José, con lluvia intermitente, a ratos muy fuerte, calando la arena del ruedo. A eso hay que añadir la acción de los caballos, que a lo largo de más de dos horas mchacaron a conciencia el ruedo con sus cascos.
Como en el interin siguieron produciéndose aguaceros y no podìa colocarse la lona, porque el redondel hubiee empeorado considerblemente, a la hora de comenzar la cuarta y última corrida programada en el abono, y con público ocupando más de la mitad del aforo, unos operarios y un tractor se esforzaban en tratar de recomponer lo que hubiera necesitado de muchos más medios y tiempo para estar conforme.
Poco después hacían acto de presencia los diestros anunciados, El Juli, Manzanares, que repetía, y Emilio de Justo, acompañados de sus cuadrillas y la autoridad pertinente. Salían a inspeccionar el ruedo y opinar del estado de la cuestión. La verdad es que había poco que discutir, la situación era de muy complicada resolución, el barro cubría las zapatillas de los diestros, había zonas en las que el lodo llegaba a los tobillos, y con la lidia hubiese empeorado notablemente… así que lo lógico fue la medida adoptada: suspender. Y se acabó la feria.









