La regla del 7

La pasión y la emoción deben ser inexcusables en un festejo taurino, en cuya razón de ser está la lucha y el riesgo. Y aquellos dos factores provocan no sólo la asistencia a dichas funciones sino también la controversia y la división de opiniones, elementos así mismo imprescindibles para que haya interés en ellas.

 

 


Paco Delgado

 

 

Una diferencia de pareceres que se volvió a manifestar hace unas semanas en uno de los últimos festejos celebrados en la Monumental madrileña, cuando un muy significado, y significativo, grupo de espectadores increpó a Roca Rey, diestro que, precisamente, no es de los que escurre el bulto y rehúya la pelea, de hecho ese día sufrió un percance serio.

Pero ese núcleo de aficionados, aunque muchas veces se haya cuestionado esa condición dado su nivel de intransigencia y rigor extremo con lo que sucede en el ruedo, no apreció que lo hecho por el diestro peruano estuviese en la línea de lo que ellos piden y, en consecuencia, bronca.

Ese reducto indómito es el ya famoso grupo de espectadores que se dan cita en el ya no menos famoso tendido 7 de la plaza de Las Ventas, cuyo origen se sitúa a mediados del pasado siglo y con Juanito Parra, ya fallecido y en cuyo recuerdo hay colocada una placa en la misma plaza, como ideólogo.

Otro de los más destacados impulsores de esta corriente crítica de espectadores venteños fue Luis Pelayo Bruna “El Ronquillo”, también recordado con otra placa en el acceso a ese dichoso tendido, abonado de primera fila de aquella zona de la plaza de toros madrileña, y célebre porque en el momento más oportuno, cuando toda la plaza podía oírle, criticaba al torero de turno con un bocinazo o uno de sus gritos.

Y no menos dignos de mención son Felipe de Santiago “El Lupas”, obligado a abandonar la plaza por la policía en la corrida en la que Curro Vázquez sufrió una gravísima cornada, o Salvador Valverde y Camilo Rodriguez “El Ensabanao”, amenazados y, se cuenta, agredidos fuera de la plaza por sus aceradas críticas.

No son agradables, no, ni para la empresa ni para los toreros, y corridas hubo que el 7 prácticamente se cargó desde antes de que se hiciese el paseíllo, según ellos, para evitar la degeneración sistemática de la fiesta. Arguyen que exigir no es reventar, que se paga para ver una autentica corrida de toros, y es lo que primero piden, toros íntegros, que lo sean y lo parezcan. Por supuesto que para las empresas y para ciertos toreros tener aficionados con ese grado de exigencia y rigidez es muy incómodo.

Si embargo, en una encuesta realizada por el portal Opinión y Toros, el 47% de los encuestados manifestó que un grupo de presión así debería existir en todas las plazas, un 23% dijo que con ellos se evitaba a degeneración de la fiesta y sólo un 7% opinaba que con su proceder lo que se conseguía era hacer daño al espectáculo.

Desde luego, la crítica debe ser bienvenida y hacer de contrapeso al triunfalismo exacerbado. Hay plazas en las que ya todo vale -en Valencia, por ejemplo, plaza de primera, se ha visto en los últimos tiempos como se piden trofeos por faenas de muy escaso mérito, estocadas infames y hasta que hacían guardia; sonaba la música mientras el espada de turno era desarmado y hasta se ovacionó con mucha fuerza a quien, sin que tampoco su labor hubiese sido nada del otro mundo, más bien al contrario, acababa de escuchar los tres avisos…- y parece como si el precio de la entrada diese derecho a exigir un triunfo a toda costa, sin importar nada, ni la condición del toro ni lo hecho por el torero. Precisamente en Valencia, hará ya cuarenta, o más, años, se puso en marcha un grupo de aficionados que, como los del 7 en Madrid, protestaban todo lo que a ellos les parecía indigno en una corrida. Y tanto llegó a molestar a los entonces responsables del coso de Monleón que procedieron a su “compra”, invitándoles a otras ferias y plazas que también montaban y gestionaban, logrando, aunque con no poco esfuerzo, ir anulando aquella disidencia hasta que desapareció.

Pero gente así es necesaria y hacen una labor docente que se hecha en falta. Claro que tendría que existir un “7” en todas las plazas, pero con educación y respeto.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…