“La inoportunidad de un médico”. Todos los toreros coinciden en afirmar que una de las cosas más difíciles, es recuperar el sitio, después de haber sufrido una cornada importante, y haber permanecido en el dique seco durante muchos días.
Pero no solamente en el aspecto físico, sino también en el aspecto psicológico.
El matador de toros madrileño Julio Aparicio Martínez, que compitió varios años con Miguel Báez “Litri”, en una época en la que “litristas” y “aparicistas” eran legión entre los aficionados, confiesa que no puede olvidar lo que le pasó con un médico que no pudo ser más inoportuno.
En una corrida celebrada en Palma de Mallorca -dice el torero del barrio madrileño de Pardiñas- me pegaron una cornada fuerte en el muslo derecho. Veinte días más tarde en mi reaparición en la misma plaza, se me acercó el médico “metepatas” y me dijo:
– Lleva cuidado esta tarde no sea cosa que te vayan a dar otras cornada.
Se cumplió la profecía del “metepatas”. Le volvieron a dar otra cornada también fuerte.
Don Pedro Balañá, que era el empresario, vino al hospital para interesarse por su estado de salud.
Al despedirse don Pedro, le dijo:
– Julio quiero contratarte de nuevo para torear de nuevo en esta plaza de Palma de Mallorca.
– Don Pedro muchas gracias por el ofrecimiento, pero no se moleste con lo que le voy a decir: a Palma de Mallorca no vuelvo ni en viaje de novios…









