Víctor Zabala de la Serna es hijo del crítico taurino de ABC Vicente Zabala y de la pintora Peñuca de la Serna. Hermano de Vicente Zabala, cronista taurino. Nieto del torero Victoriano de la Serna y Gil. Sobrino de Victoriano y José Ignacio de la Serna Ernst y primo de José Ignacio de la Serna Miró. Una vez retirado de los ruedos, desde 2002 se dedica a su faceta de empresario taurino. Madrid, Valdemorillo y Valencia son algunas de las plazas que se encarga de gestionar. En Madrid y Valencia en su labor de gerente de Espacios Nautalia 360.

Enrique Amat
“En realidad Rafael García Garrido es el director general de Nautalia. Comenzó en Madrid con una UTE con Simon Casas, y después la plaza de Valencia salió a concurso. Era una plaza con historia. Un sitio al que a todo profesional del toreo le gusta poder dirigir y es una satisfacción estar en ella.”
Han preparado una oferta en la feria de Fallas, corta en su metraje, pero intensa en su contenido.
“Yo pienso que no es un mal menú. Hay gente que dice que podía haber sido más larga, pero yo no estoy de acuerdo. Es una feria compacta, con cuatro corridas de toros en las que posiblemente se ponga tres días el cartel de no hay billetes si la pandemia lo permite, con el complemento de una corrida de rejones, una novillada picada y otra novillada sin caballos, al margen de la programación del mes de mayo. Creo que tiene la medida exacta para los tiempos actuales y la empresa Espacios Nautalia 360 creemos que hemos acertado con este planteamiento.”
No es fácil hacer una feria en estos tiempos.
“Bueno, hay que ajustarse a las circunstancias. Hay que marcarse unos objetivos, los que ya teníamos con o sin pandemia. Aspiramos como digo a llenar tres días la plaza de toros. El pliego era acertado, porque nos permitía el primer año poder reducir el número de festejos, visto como está la situación. Pero se trata de una feria tan compacta como concentrada.”
Los empresarios se antoja que viven en el alambre, pendientes de un hilo por el tema de la pandemia
“Parece que a día de hoy todo apunta a que las cosas van a ir a mejor. De todas maneras, queda todavía tiempo para fallas, y nosotros lo vamos a experimentar antes en Valdemorillo, donde junto con Carlos Zúñiga organizamos la feria que se celebra a primeros de febrero.”
Hablando de Valdemorillo, es una gran feria. Antes se celebraba en una plaza portátil, con ganado duro y matadores de segunda fila.
“Han cambiado los tiempos. Hoy en día hay que montar ferias buenas. La gente se ha hecho muy selectiva, y los públicos eligen y exigen. Por eso se debe apostar por las plazas llenas. Y las figuras se han apuntado a este tema, algunas tiran del carro y los llenos ayudan a la promoción de la fiesta. Alguien debió imaginarse en su momento que Valdemorillo era otra cosa, cuando se decidió construir una plaza con capacidad para 4800 espectadores. Y pensaron que se llenaría del gran público. Nosotros le estamos dando impulso desde hace dos años, y esperemos que esto sea un punto de inflexión en esta coso.”
Usted ya lleva una larga experiencia como empresario
“La experiencia de Roquetas de Mar durante seis años resultó muy positiva. Yo comencé mi carrera como empresario hace veinte años, con la constitución de la empresa Pueblos del Toreo SL en 2002. Luego ha estado también en Segovia o San Sebastián de los Reyes. Y llevamos a cabo el concurso Camino hacia el toreo, con el que se trataba de promocionar la fiesta. Y no solo se trataba de buscar promesas del toreo, sino dar contenido y visibilidad a los pueblos que tradicionalmente organizaban novilladas sin picadores. Y lo que queríamos era darles esa proyección. Estuvimos en once, entre ellos Espartinas y dos en Francia como Magescq y Vieux-Bocau. Dimos un total de treinta y cinco festejos sin picadores. Una heroicidad en estos tiempos. Nuestra premisa siempre ha sido la de recuperar los sitios en los que hemos estado, y mejorarlos.”
Estar en Madrid debe dar cierto vértigo.
“Madrid es la Meca del toreo, lo máximo a lo que aspira un profesional. Es lo que da y quita en la tauromaquia. Es la catedral del toreo y por supuesto, ser empresario de esta plaza es a lo máximo a lo que uno puede aspirar.”
Y antes de empresario, desarrolló notable una carrera en los ruedos.
“Pues sí, empecé algo tarde, pero desde la base. Yo comencé por afición, por tradición familiar y por vocación. En mi círculo cercano se hablaba de toros. Y la pasión por el toreo me la transmitían en casa, mi padre, mis tíos y toda la familia a la que pertenezco. Como digo, yo quería intentar ser torero. Esta es la profesión más bonita del mundo, la que más ilusión me pudo despertar. Todo un reto el de ser torero.”
Su padre lo aceptó.
“Bueno, en principio no le gustó mucho. Y luego la verdad es que tengo que reconocer que no me pasaron factura por ser hijo de quién era. Al contrario, por ser hijo y nieto de quién era tuve más posibilidades que otros. Ello me facilitó el camino para intentar la maravillosa aventura de ser torero.”
Una experiencia que le dejó un buen recuerdo.
“Sí, con el tiempo los recuerdos se van haciendo más bonitos. Cuando te retiras, tienes una cierta sensación de fracaso. Luego, coges la perspectiva y lo valoras todo más. Y te alegras de haber sido capaz de haber vivido todo aquello y lo recuerdas con ilusión.”
De novillero toreó en plazas importantes como Madrid, Valencia, Almería y luego tomo una alternativa de lujo en Burgos el 29 de junio de 2000 apadrinado por Joselito y El Juli, con un toro de Antonio Bañuelos.
“Fue una tarde bonita. En conjunto, mi paso por el toreo para mí fue satisfactorio y enriquecedor. Lo dejé pronto porque sabía que no iba a ser capaz de triunfar. Me daba cuenta de ello. En el anterior San Isidro las cosas no habían rodado y luego un toro, el día de la alternativa, me partió el vasto interno. Luego toreé a las pocos días en Teruel una de Adolfo Martín. Y llegó el invierno y tuve conciencia de lo que internamente ya iba pensando y rumiando. Había perdido la fe en mí mismo y lo tuve que aceptar. Ello me llevó a retirarme.”
Lo hizo sin amargura.
“Hombre, en el momento sí que te llevas un disgusto. Porque ves cercenadas muchas de las ilusiones que has tenido. Pero con el tiempo y la perspectiva, todo lo ves bonito. Cuando te vas, sí que eres autocrítico, tienes al principio un enorme grado de insatisfacción. Porque no has sabido ni has sido capaz de cumplir los objetivos que te marcaste. Pero bueno, luego lo ves todo de otra manera.”
Era un torero que cuidaba mucho las formas, la pureza, y la ortodoxia.
“Yo tenía temple y toreaba bien, o al menos eso intentaba. Y tuve la satisfacción de que en Madrid, con ocho o diez muletazos, me dieron oles y percibí que la gente respondía. Quizá esa ortodoxia y esa forma de torear bien, se pudo convertir en un recurso ante una posible falta de ambición. E igual uno se conformaba con haber dado muletazos buenos, o haber exhibido una cierta clase y torear, aunque quizá faltara ambición para romper. Y es que para ser figura del toreo se tienen que dar muchísimos factores y confluir todos a la vez. Y eso es muy difícil. Por eso es tan grande ser figura del toreo.”
Sus maestros.
“Bueno mi tío Victoriano de la Serna, mi tío José Ignacio y Rafael Perea El Boni. Luego yo bebí de todas las fuentes familiares. Pero se puede decir que fui algo autodidacta, aunque mi tío Victoriano me imbuyó la línea del toreo técnico y el clasicismo.”
Su mejor tarde.
“Tuve tardes buenas en sitios que no tenían mucha repercusión. Pero yo me quedo con Madrid la noche en la que corté una oreja y aquello me sirvió para darme cuenta de que era capaz de estar en este mundo.”
Pertenecer a una saga tan importante suponía también una responsabilidad añadida. Su abuelo fue algo más que “gente” en el toreo.
“La historia de mi abuelo es fascinante. Está por escribir. Pero fue un personaje único e irrepetible. Marcial Lalanda decía que cuando toreaba bien, era como los demás soñaban. Pepe Alameda en su obra de Los heterodoxos del toreo le califica como un torero importante y trascendente. El compitió en la llamada Edad de plata de la tauromaquia, que más de plata se puede calificar que fue de platino. Mi abuelo era genial y sacó la cabeza entre las figuras del toreo que había en su tiempo. Toreros como Armillita, Domingo Ortega, Manolo Bienvenida, Marcial Lalanda, Félix Rodríguez, Pepe Bienvenida, Antonio Márquez, Fernando Dominguez, Lorenzo Garza o Jesús Solórzano. Una pléyade impresionante de toreros. Y una de las plazas más importantes para mi abuelo fue la de Valencia. Es más, en las ferias de julio de los años 1932, 1933 y 1934 mató cuatro corridas en cada feria de julio. Incluso un torero valenciano como Félix Rodríguez, el que mejor ha toreado de todos los valencianos fue su padrino de alternativa. Victoriano de la Serna fue un espada genial. Fuera de lo común. Un gran torero con el capote, con sello propio. Personalidad, inspiración e inventiva, ya que inventó el pase de la Lasernina y el pase de las Flores que inmortalizó Ruano Llopis en un cartel. Un torero extraordinario. “
Una dinastía la suya que se extiende a lo largo de tres generaciones y siete toreros.
“Dos hermanos de mi abuelo, Rafael y Ramón, fueron novilleros. Su hijo Victoriano de la Serna Ernest, matador de toros. Tuvo padrinos de lujo tanto para la alternativa con Curro Girón como para la confirmación, como Luis Miguel Dominguín. Su hermano José Ignacio fue novillero y luego banderillero. Y un hijo suyo también llegó a debutar con picadores en Vinaròs y luego se hizo periodista.”
Habla usted toreros mexicanos. Allí también toreó.
“Bueno, mi experiencia allí fue más breve. Apenas toreé siete novilladas. Eso sí, como espectador y aficionado vi muchos festejos y me empapé de aquella tauromaquia tan importante.”
Usted primero fue periodista y luego torero.
“Yo hice la carrera de Ciencias de la información, y empecé colaborando con mi padre. Y después decidí ser torero. Y formo parte de los siete toreros de esta saga. Un orgullo.”
Y luego su madre fue una pintura excepcional, Peñuca de la Serna. Más vena artística.
“Si la verdad es que no me puedo quejar de la reata que tengo.”
Tiene el gusanillo de torear.
“Bueno, yo en mi despacho tengo una muleta, un capote y una ayuda. Y toreo de salón, que lleva consigo toda una experiencia mental, te relaja y te genera una gran satisfacción. Al campo no voy ni me pongo delante. No tengo edad.”
Que torero fue su ídolo.
“Por supuesto mi abuelo. En el se fundían la tauromaquia clásica con el toreo moderno. Luego Pepín Martín Vázquez, desde que le vi en la película Currito de la Cruz. Y en la actualidad Morante de la Puebla. Es un torero que, además de artista, le caben distintas tauromaquias en la cabeza. Está fundiendo la tauromaquia de Joselito y Belmonte y sacando del baúl suertes antiguas. Un súper clase. Y luego hay más, claro. Mi padre me decía que no hay que ser de un solo de un torero, que el mejor aficionado es aquel al que le caben más toreros en la cabeza.”
Siguiendo con Morante, está tirando del carro y tiene una gran disposición por acudir a todas las plazas.
“En una época de proteccionismo de las figuras, está apostado por abrir camino y horizonte para entrar en otras plazas. Los toros hace unos años eran fuente de noticias negativas, pero cuando las figuras tiran del carro, la afición aumenta. La fiesta crece y se sustenta con los no hay billetes en muchas plazas.”
Los políticos no ayudan
“Depende de cada sitio. Con todo, el partido socialista se ha puesto de perfil y eso es un riesgo para la tauromaquia. La fiesta es apolítica, es un punto de encuentro social y no hay que politizar ni etiquetar la fiesta en relación a determinados partidos. La fiesta es una fuente de ingresos, genera economía y reparto de riqueza. Por tanto hay que valorar la fiesta como fenómeno cultural y por su aportación a la economía.”









