Pocas son las ganas de escribir de toros. ¿Pocas? Ningunas!!! La maldición del agua se ha cebado con los pueblos valencianos cercanos a la capital, con Utiel como un referente más a la gran tragedia.
Vicente Sobrino
El agua la bendicen, se convierte en bendita y te la derraman en la cabeza en el primer Sacramento que recibimos los cristianos. Gran riqueza de la naturaleza y, paradojas, elemento que incontrolado se convierte en asesino. Valencia vuelve al dolor, al drama, a la tragedia. La historia se repite; una copia de aquella riada del 57 o de la “pantaná” del 82.
Nunca se sacarán suficientes lecciones para paliar o evitar esta confrontación con la naturaleza. Nunca serán suficientes las previsiones, las alertas, las precauciones…la naturaleza está una mano más alta que la del ser humano. Y por sorpresa o no, llegan momentos como los vividos. Otra vez Valencia bajo el rigor indomable del agua.
Tragedias así siempre tuvieron reacción en el sector taurino. En Valencia sabemos de ello. Cuando la riada del 57 un festival con figuras del momento, trató de compensar los daños materiales, porque los humanos nunca se van a saldar. Un torero navarro, Isidro Marín, inició un peregrinaje desde su Pamplona natal hasta Valencia, caminando. En cada pueblo que pasaba recogió dinero para los damnificados. Aquel gesto tuvo su compensación en las Fallas inmediatas, las del 58, en las que Marín, toreó en respuesta a su acción benefactora. Cuando la “pantaná” del 82, fueron tantos los toreros que se ofrecieron, que hubo que organizar dos festivales, en sesión matinal y vespertina, respectivamente. Por la mañana actuaron los toreros de la tierra; por la tarde, El Viti hizo su último paseillo en Valencia.
El toreo se movilizará. No hay otro sector tan solidario como él. Valencia lo necesita.









