Un recital de Soleá

Martes, 11 de marzo de 2025. Plaza de toros de Valencia. Un cuarto de entrada en tarde lluviosa.
Reses de  Valdelapeña , bien presentados y de juego variado y algo desigual pero siempre con interesantes matices. El quinto, Soleá,  fue premiado con la vuelta al ruedo. Daniel Artazos, de la escuela de Valencia, ovación. Javier Fernández, de la escuela taurina de Ciudad Real, silencio tras aviso. César Juste, de la escuela taurina de Madrid, silencio. Alejandro Chávarri, de la escuela taurina de Palencia, silencio tras dos avisos. Blas Márquez, de la escuela taurina de Linares, dos orejas. Asier Abadino,  de la escuela taurina de Huesca, oreja.  Entre las cuadrillas lucieron con los palos Hugo Masiá, Víctor Roig, Jorge Escamilla e Iker Rodríguez. Presidió José Luis Cuerda, asesorado por Carlos de Andrés y José Andrés.
Alejandro Chávarri fue atendido la enfermería de un varetazo en el cuello y diversas contusiones.
Enrique Amat, Valencia
Prosiguió, a pesar de la granizada que cayó una hora antes del festejo,  el VIII certamen de escuelas taurinas programado este ciclo fallero con la segunda de las clases prácticas. Un ciclo que permite que la cartelería fallera se extienda sin solución de continuidad entre los días 8 al 19 de marzo.
Uno de los alicientes era el debut como ganadero en Valencia, de Ignacio Sáez Mansilla, un economista valenciano titular del hierro de Valdelapeña. No es habitual que un valenciano sea ganadero en una tierra donde predominan los hierros destinados a los festejos populares. Para la ocasión, envío un lote de astados bien presentados, y cuyo comportamiento exhibió su fondo de Jandilla. Encierro de juego variado, algo cambiante, con algunas desigualdades pero pleno de matices, que siempre pidió firmeza de manos y sometimiento a sus matadores. Bravo, enrazado, por momentos temperamental y siempre exigente.
De las reses de Valdelapeña, bravo y repetidor el primero, aunque necesitaba ver siempre muleta, porque de lo contrario tendía a irse afuera y con la cara arriba. Tuvo movilidad, pero le faltó su punto de raza. Alto, más despegado del piso el segundo, que tuvo plaza, estuvo siempre pendiente del torero aunque anduvo más agarrado al piso. Le costó, pero cuando metía la cara repetía.
Castaño, lombardo  y bociblanco el zancudo tercero. Algo descoordinado y un pelín falto de fuerzas, tuvo la virtud de obedecer los cites, aunque le faltó entrega y remate. También muy alto el burraco cuarto, abanto y distraído de salida, que luego llegó al tercio final enrazado, con muchísimo motor, transmisión y pidiendo firmeza de manos. Al final acabó haciéndose el amo y apretando en los  adentros.
También salió con muchos pies y abanto el quinto, Soleá, que tuvo larguísimos viajes. Se vino de lejos, y siempre volvía a la muleta. Clase, codicia, fíjeza, tranco y transmisión fueron los ingredientes del que fue un excelente ejemplar, premiado merecidamente con la vuelta al ruedo. Y el colorado, ojo de perdiz y bociblanco cierra plaza, un ejemplar con mucho volumen, fue y vino, aunque le costó entregarse, siempre soltó la cara y no acabó de romper, y aunque  estuvo siempre pendiente del torero, le sobró una cierta aspereza.
 
Daniel Artazos, de la escuela de Valencia, se mostró como un torero en enterado y con oficio. Acumula ya una larga experiencia en la escuela, Y así se le vio puesto, con oficio y sabiendo buscar las vueltas a su antagonista, tratando de llevarlo siempre con la cara tapada y embebido los vuelos. Con todo su trabajo, algo frío, no terminó de coger vuelo y fue rematado de una estocada muy baja.
 
Javier Fernández, de la escuela taurina de Ciudad Real, firmó una faena presidida por la voluntad y las ganas, aunque tampoco llegó a tomar relieve. Siempre muy pendiente del público, mató de un pinchazo y una fea estocada muy trasera.
 
César Juste, de la escuela taurina de Madrid, es un torero con sitio, puesto y que demostró conocer la profesión. Pisó los terrenos con seguridad y solvencia, aunque a su trabajo, que brindó a Fernando Robledo, le faltó cierto relieve y mayor pasión. Aquello tuvo tanta corrección y templanza como cierta frialdad. Y falló con los aceros.
 
Alejandro Chávarri, de la escuela taurina de Palencia, fue cogido de salida al intentar dar una larga cambiada. Luego lo intentó, en una labor afanosa, en la que estuvo en todo momento a merced de su antagonista, que le llevó por la calle de la amargura. Con todo, tuvo empacho en plantar cara con sincera entrega, sin volver la cara, aunque acabó pasando las de Caín.
 
Blas Márquez, de la escuela taurina de Linares, supo entender a su novillo en el platillo de la plaza, al que dio muletazos sobre ambas manos con asentamiento, firmeza de plantas y sentido de la ligazón y templanza, y sin que faltase expresión. Supo extraer y mostrar las virtudes de su antagonista.
Asier Abadino,  de la escuela taurina de Huesca, firmó quite por faroles de rodillas en el platillo de la plaza. Luego plantó cara a su oponente en la boca de riego con tanta disposición como convencimiento, aunque el novillo no terminó de ser fácil. Mató de una estocada contraria de efectos fulminantes.

Nacido en Valencia en 1959.

En la actualidad es redactor en los portales Avance Taurino y Tauroimagenplus, así como en la revista de la Unión de Federaciones Taurinas de España (UFTAE) y colabora en el programa de radio “Toros con El Soro” de Intereconomía Radio y El Remolino de Ocho TV.

Desde septiembre 2019 dirige el programa de Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.