Siempre que se habla de supersticiones, me acuerdo de un amigo que aseguraba: yo no soy nada supersticioso. Y otro que le escuchaba le preguntó ¿Pero por qué? Pues porque, ser supersticioso trae mala suerte.
Francisco Picó.
Lo cierto es que entre la gente del toro, y no solamente entre los taurinos, sino como está hartamente demostrado, entre aquellas personas que por una causa u otra arriesgan en muchos momentos de su vida. Equilibristas, domadores, deportistas, y otros que también arriesgan: por ejemplo los jugadores, sean de naipes o de cualquier otra cosa. En una palabra la superstición existe. Y de qué manera. Así por ejemplo: a mi no se me ocurre nunca pasar por debajo de un andamio, o rodar un paragüas. O salir de casa con el pie izquierdo.
Siempre tengo un recuerdo para mi buen amigo Manuel Serrano Romá, fallecido hace unos años, que era el más forofo de la superstición. Como sería Serrano Romá, que jamás quiso visitar mi casa, porque era sabedor que vivo en un quinto piso y en la puerta número 13.
Bueno pues ahí va la anécdota que contaba el matador de toros Rafael Pedrosa.
“Toreábamos una novillada de Ramos Hermanos, en una plaza del norte de España mi compañero Juan Ortas y yo.
Era una auténtica corrida de toros. En el patio de cuadrillas, todos los toreros manifestaban su preocupación.
Nadie abría la boca. Se podía cortar el ambiente. Hasta que Juan Ortas con voz potente y clara dijo:
– Es martes y 13.
Le echaron su segundo novillo al corral tras oir los tres avisos…”
Pues eso… sin palabras.