El matador de toros vallisoletano Santiago Castro “Luguillano” cuenta una historia en la que el color amarillo tiene misterio y es evidente que el desenlace no puede ser más oscuro.
Dice el torero, que con motivo de estar anunciado para torear en la plaza de Las Ventas, su madre le puso en la maleta una toalla de color amarillo. Cuando Luguillano se percató de ello, inmediatamente la sacó del equipaje.
Una vez instalado en la habitación del hotel, antes de torear el día 18 de abril de 1965, se volvió a encontrar con la misteriosa toalla.
Más tarde durante la corrida el torero recibió una cornada de tal gravedad, que fue el motivo para que màs tarde se retírase de la profesión. Pero es que durante el período de recuperación de la grave cornada, apareció nuevamente la misteriosa toalla amarilla.
¿Tenía motivos Luguillano, para recordar la dichosa toalla?









