La siguiente anécdota la contaba Gabriel de la Casa, hijo de Emiliano de la Casa, “Morenito de Talavera” y tiene como protagonistas a su propio padre y a su tío Rafael de la Casa.
Casualidades del destino. La construcción de la vivienda donde habito, la realizó un primo hermano de los De la Casa, y en la actualidad, este señor, don Manuel Pazos, tiene el despacho en el primer piso del inmueble. Este señor fue quien me habló de su parentesco con los De la Casa.
Pero vamos con la anécdota.
Toreaban en Jaén, allá por los años 40, Rafael Albaicín, Espartero de México y Morenito de Talavera.
Por la mañana, en el apartado, los banderilleros Cástulo Martín y Antoñete Iglesias fueron detenidos por negarse a sortear, debido a que los toros tenían más edad de la reglamentaria.
Rafael de la Casa, se escabulló y en hotel le dijo a su hermano, Vámonos a Madrid, vámonos a Madrid, que la corrida es la más grande del mundo. Todo se arregló ofreciendo a la cuadrilla más dinero del establecido.
A Morenito de Talavera le había correspondido un toro, que era una copia del buey Apis.
Su hermano Rafael le insistía “a mi si no quieres, no me pagues”, pero yo me voy a ;Madrid.
Todo se arregló y todos hicieron el paseillo.
Cuando salió el toro de marras, Emiliano de dijo a Antoñete Iglesias. Ve a por el toro.
El toro rompió a bueno ante el asombro de todos.
Cuando tocaron a banderillas, Rafael le dijo a su hermano Emiliano: Toma los palos que el toro es “mu” bueno y además mira como lo pide la gente.
La corrida acabó bien y los seis toros se pudieron lidiar, unos mejor que otros, pero se lidiaron.
Termino la anécdota, refiriendo lo que me ocurrió una tarde en Valencia con el citado en la anécdota Antoñete Iglesias. Cuando el torero a cuyas órdenes iba años más tarde, pasaba delante de mi localidad, hice gestos negativos a la vuelta al ruedo. Antoñete me insultó fuerte y gravemente. Afortunadamente un teniente de la Policía Armada que se encontraba en el callejón oyó los insultos, Se dirigió a mi preguntándome si quería presentar una denuncia, a lo que conteste afirmativamente. Al acabar el festejo me acompaño hasta la Comisaría de Policía, que había en la calle Maldonado, donde me dieron toda clase de facilidades. Entonces las cosas eran más serias que ahora…









