Con los brindis de los toreros sucede que, en ocasiones, el público o la persona agasajada se convierten en protagonistas.
La anécdota la contaba el matador de toros Manolo Amador. En una novillada celebrada en Barcelona allá por lo años sesenta, si en tiempos franquistas del Dictador, pero cuando a nadie se le había prohibido la absurda y dictatorial idea de prohibir los espectáculos taurinos en la ciudad Condal. Digo que en aquellos tiempos en la que el torero fue premiado con el mejor trofeo que se concedía en la feria de la Merced, Amador quiso brindarle un novillo al valenciano nacido en el barrio de Ruzafa, cantante y bailarín flamenco, llamado Enrique Castellón Vargas, más conocido en el mundo artístico por El Príncipe Gitano. cuando se dirigía a la barrera, el pintor Salvador Dalí creyendo que el brindis era para él se puso de pie para recibir la oferta. Naturalmente, Amador por cortesía y educación. cambió de idea y le brindó la muerte del astado a Dalí, quien ni siquiera le agradeció el brindis.
En el otro novillo Amador con mucha decisión se fue directamente a la localidad que ocupaba el cantante y le brindó el novillo a su buen amigo El Príncipe Gitano.
También es digno de destacar lo que le ocurrió al matador de toros Emilio Ortuño “Jumillano”, cuando en cierta ocasión, se dirigió a un cura que se llamaba Isaac Casado para brindarle un toro. En el breve parlamento el torero le dijo: Tengo el gusto de brindarle la muerte de este toro al único cura que es casado. Al advertir el rostro del brindado, añadió “Casado” de apellido, naturalmente.









