“Jumillano venció a Gaona”. Uno de los personajes más conocidos en el mundo taurino de los años 40 y 50 fue Alfonso Gaona, empresario de la plaza de toros de México.
Gaona estaba casado con una bellísima mujer, que era la admiración de muchos toreros. Algo de esa profunda admiración pudieron haber contado en su día toreros como Antonio Bienvenida y en la actualidad, Paco Camino, quien felizmente se encuentra entre los vivos.
El doctor Gaona, como le llamaban los mexicanos, tenía además una determinación siempre muy clara, retrasar el pago a los toreros todo el tiempo que pudiera. No es que fuera un avaro, sino más bien un hombre ahorrativo, o como dice Chamfortt en sus célebres “Maximes et pensées”. El más rico de todos los hombres es el ahorrativo , el más pobre el avaro.
Pues bien, un torero de la época como era Emilio Ortuño “Jumillano”, contaba que él era uno de los pocos toreros que no consintió nunca que Gaona le retrasase el pago de sus honorarios.
Al día siguiente de una de mis actuaciones en México, me presente en las oficinas para cobrar.
Gaona muy amablemente me dijo.
Qué le parece mano, si le extiendo un chequecito.
No, don Alfonso, como dicen ustedes por aquí, me paga con “lana”.
Pero hombre y si le roban
Pues mala suerte.
Bueno, pues venga usted mañana y se le liquida.
No, doctor Gaona. no puedo venir mañana, si le parece le mando al mozo de espadas.
Muy bien, mano. Esa es una buena idea.
Pero le advierto, que si no le paga, no toreo en esta plaza.
Que cosas tiene usted, si además le quiero contratar para el próximo año.
El mozo de espadas fue a cobrar y estuvo dos horas esperando. Alfonso Gaona le fue pagando peso a peso.
A Jumillano le sentó fatal la falta de formalidad, y retrasar de esa manera el pago por parte de Gaona. Con el tiempo se hicieron buenos amigos y Jumillano no cesaba de recordarle el sucedido…









