Da muchas vuelta este Morante. Es muy caprichoso. También le gustan los saltos mortales. Y cambiar, cambiar mucho. Protagonista de anécdotas y decisiones que se admiten y no se comprenden.
Ricardo Díaz-Manresa
Al de la Puebla, al que le sobran kilos y le faltan centímetros para ser un escultura de torero, siempre lo vemos adoptando decisiones originales y contradictorias. Con kilos y centímetros que lo hacen superior a Curro y a Paula en regularidad y valor pero no en arte ni en número de partidarios convencidos.
Caprichoso. Por ejemplo, elige a Rafael de Paula como apoderado, cuando el de Jerez es un magnífico asesor artístico pero no un gerente. Quiere ser independiente y bohemio, pero cae después en las manos del sistema y se tiene que retirar para recuperar independencia. Vuelve pronto con un apoderado que siempre fue por libre y que es mayor y muy experto. Y, en otro bandazo completo, se tira de cabeza al sistema más sistema de los sistemas. Y en este está ahora…pero con el capricho de la tele. Que se quiere o no como hace José Tomás, pero él sí pero no pero –otro pero- eligiendo comentarista porque los que hay en la tele Movistar Toros no le gustan.
Se queja de que los toros son muy grandes y que con ellos no se puede fabricar arte. Y con esos ha estado triunfando los últimos años. Con los mismos. Afirma que los veterinarios no tienen ni idea de toros para decidir cuáles valen o no para la lidia. Que se dediquen solamente a curarlos cuando lo necesiten.
Le da por quitar el desnivel en el ruedo de Las Ventas y aparece una mañana, dicen, vestido con el chándal del Real Madrid y sus pelos de león peleón. Hecho un cuadro.
Su manera de vestirse es muy conocida y un poco histriónica, con multitud de colores que a veces dañan la vista –tantos juntos- y alguno se pregunta cómo la misma persona puede ir así por la calle y después crear tanta belleza en el ruedo.
Es tan clásico que le gusta recordar y recuperar las antiguas y míticas figuras del toreo, especialmente la de Joselito el Gallo, José Gómez Gallito, del que tiene en su casa el despacho que fue del de Gelves. Y es una parte muy positiva de su personalidad.
En La Puebla, su pueblo, lo idolatran porque se preocupa de que haya continuas mejoras, que él financia. Y por eso y por su conducta muchísimos vecinos lo quieren con locura en la Puebla del Río, que él ama tanto que la lleva desde el primer minuto en su nombre artístico.
Y ahora no le gusta como televisa Movistar toros y quiere poner a un amigo, desechando a los habituales, como ya hizo en la pasada Temporada Grande en Insurgentes.
Pero de esto hay que escribir más. Si se consuma.
Un torero tan original o es un genio o tiene la cabeza llena de grillos. La realidad es que cambia mucho de opinión y de actitud y que tiene, sobre todo últimamente, unas teorías muy suyas.









